Capítulo 348
El sonido de la madera rompiéndose resonó en todo el hipódromo.
El caballo tropezó, perdiendo el equilibrio. Y Sofía, a pesar de su destreza, salió disparada por encima del cuello del animal, cayendo pesadamente sobre la arena de la pista, rodando un par de metros hasta quedar inmóvil, levantando una nube de polvo dorado.
-¡SOFÍA! -gritó Lucía, el terror puro desgarrándole la garganta, haciendo ademán de saltar por encima de la barandilla del palco.
Alexander la detuvo con un brazo de hierro, aunque él también estaba pálido de miedo.
En otro sector del club, ajena al peligro del prófugo y a la tragedia inminente de la pista, la otra batalla se libraba con armas mucho más sutiles.
Karla ya se encontraba junto a Elisa y otras amigas de la alta sociedad de esta, presumiendo en la zona de cóctel que daba a la pista.
Elisa, feliz de tener a una aliada como Karla.
- Y por supuesto, esta es Karla -decía Elisa, con una copa de champán en la mano, a un grupo de damas con sombreros enormes- La codirectora de Asia. Ella y mi Thiago hacen una pareja espléndida. Son el futuro de la corporación. Ya verán, pronto tendremos campanas de boda de verdad, no de compromisos extraños como otros en esta familia.
Karla sonreía con modestia ensayada, aceptando los halagos y las miradas de envidia. Estaba convencida de que su plan de alejar a Thiago de la campesina había funcionado.
Pero el estruendo de la caída en la pista silenció a las mujeres.
Karla se giró hacia la valla. Vio el polvo. Vio al caballo levantarse asustado. Vio el cuerpo inerte en la arena.
Y, en ese momento, para sorpresa de todos, el caos se apoderó de la pista, no por los paramédicos, sino por una figura que rompió todos los protocolos de seguridad.
No fue Esteban, quien se había quedado congelado por el pánico en las gradas bajas. No fueron los cuidadores del hipódromo los primeros en llegar.

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