Capitulo 351
CAPÍTULO 265
Nadie entre los invitados a la exhibición comentó en voz alta nada sobre el beso desesperado que Thiago le había plantado a Sofía en la pista de arena. Las copas siguieron chocando y los cheques de donaciones se siguieron firmando. Tampoco parecieron percatarse del incremento sutil pero masivo de la seguridad en el perímetro del Hipódromo.
Cuando Mateo regresó a la mesa que antes ocupaba la familia, notó una ausencia significativa.
Karla ya no estaba.
No la culpaba por haberse ido en silencio. De hecho, lo comprendía perfectamente. Lo que hizo su primo delante de todos los invitados, reclamando a Sofía con esa posesividad salvaje, lo tenía más que sorprendido.
Mateo conocía profundamente el corazón de su hermana melliza. Sabía de los sentimientos que Sofía había ocultado durante años tras su fachada de amazona dura e independiente. Sabía que ella lo amaba. Pero definitivamente no se esperaba esa reacción instintiva y visceral por parte de su primo mayor. Thiago siempre había sido un muro de contención emocional. Ese beso no era un error de cálculo; era una rendición total.
Al finalizar el evento, el equipo de seguridad comenzó a agrupar a la familia para el convoy de regreso. La orden de Alexander había sido clara:
todos a la finca.
Thiago, ignorando las miradas inquisidoras de los pocos rezagados, caminó apresuradamente hacia la zona de vehículos. Quiso irse con Sofía. Necesitaba hablar con ella. Pero al llegar a los coches, vio que ella ya estaba sentada en la parte trasera del SUV blindado de Alexander y Lucía. Ella miraba por la ventana en la dirección opuesta, evitando su mirada.
Thiago dio un paso hacia el vehículo, con la mano extendida hacia la manija de la puerta.
- Déjalo -dijo Mateo, interponiéndose suavemente en su camino y poniéndole una mano firme en el hombro- No insistas. No es el momento, Thiago. Está cansada, dolorida y aturdida. Papá y mamá se encargarán de ella ahora.
Thiago tensó la mandíbula, reacio a retroceder.
- Tengo que hablar con ella, Mateo.
- Hablarás, pero no en un coche en movimiento frente al chofer. Déjala respirar. -Mateo lo miró a los ojos, adoptando un tono más urgenteAdemás, es vital que vayas a la finca. No a tu apartamento. A la finca.
Thiago frunció el ceño, detectando la alarma real en la voz de su primo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.