Capítulo 350
CAPÍTULO 264
Esteban, observaba todo a cierta distancia. Había estado en la primera fila de las gradas inferiores cuando Sofía cayó. El corazón se le había detenido en seco, un golpe de adrenalina fría bloqueando sus músculos. Había querido saltar a la pista, gritar su nombre, correr hacia ella, pero sus piernas simplemente no reaccionaron a tiempo.
Para cuando finalmente encontró el valor para moverse, Thiago de la Vega ya la tenía en brazos.
Y luego, como un trueno en un cielo despejado, vino el beso.
Un beso feroz, posesivo, ejecutado frente a cientos de cámaras y pares de ojos expectantes. Un beso que había destrozado las débiles esperanzas de Esteban en un segundo, revelando con una crudeza aplastante: Él era solo un pasatiempo; Thiago era el elegido.
Esteban se acercó lentamente a la barandilla blanca de madera, apoyando las manos sobre ella. En un momento, quedaron Thiago y Esteban a la par, ambos observando el túnel oscuro por donde Sofía había desaparecido con los médicos y sus padres.
El silencio entre los dos hombres era tenso, hostil y cargado de violencia contenida.
Thiago, todavía con la adrenalina del rescate corriendo por sus venas, el pulso acelerado y el sabor a polvo en los labios, se giró para mirar a Esteban de arriba abajo.
- Espero que te haya quedado claro el mensaje, Esteban -dijo Thiago. Su voz era baja pero estaba cargada de una advertencia letal- Que te haya ayudado a entender los límites de tu jurisdicción.
- El mensaje fue bastante claro, señor de la Vega -respondió Esteban, alzando la barbilla, intentando mantener la dignidad que le quedabaUn espectáculo muy público, por cierto. Muy territorial.
Thiago dio un paso hacia él, acortando la distancia de cortesía, invadiendo su espacio personal con una presencia física abrumadora.
- Sofía no es un proyecto de fin de semana para que tú escales en la empresa, muchacho. No es una distracción para que te sientas importante y juegues a ser parte de este mundo. Ella está fuera de tu alcance.
Esteban lo miró a los ojos. El tono despectivo de Thiago no solo atacaba su relación con Sofía, sino también al hombre de abajo intentando colarse en la mesa de los grandes.
Esteban sintió el golpe bajo. La máscara del chico bueno comenzó a resquebrajarse.
- No esté tan seguro de su victoria-dijo Esteban, bajando la voz, adoptando un tono calculador que Thiago nunca le había escuchado- Las carreras no se ganan en el primer salto. Y a veces, el caballo que menos se espera... es el que cruza la meta por la parte de atrás.
- ¿Me estás amenazando, Esteban? -preguntó Thiago en un susurro gélido- Porque te aseguro que es la peor apuesta que harás.
- Solo digo que el tablero sigue abierto -se encogió de hombros Esteban, recuperando una falsa compostura- Y yo no me retiro fácilmente si las ganancias valen la pena.
Thiago se ajustó los puños de la camisa. La confirmación de que Esteban era exactamente la basura que él creía, no hizo más que reforzar su determinación de destruirlo.
- Mantente alejado de Sofia, Esteban. Y mantente alejado de mi familia -sentenció Thiago, dando por terminada la conversación y la competenciaThiago caminó hacia los pasillos interiores del club con paso largo y seguro, dejando a Esteban solo.
El joven empleado apretó los puños hasta que se le clavaron las uñas en las palmas. Sabía que Thiago tenía el poder, el dinero, el apellido y la historia compartida con Sofía. Pero también sabía que Sofía no era una mujer que se dejara poseer por la fuerza o por los designios de su primo mayor.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.