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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 356

Capítulo 356

CAPÍTULO 270

Samanta se había quedado sola en la finca durante casi todo el día. El crujido de neumáticos sobre la grava del camino de entrada la sacó de sus pensamientos.

Se levantó de la silla y caminó hacia los escalones del porche.

Llegaron dos coches al mismo tiempo. Del primer vehículo bajaron Alexander y Lucía. Segundos después, el segundo coche, el deportivo oscuro de Mateo, se estacionó justo detrás. Del otro coche bajaron Mateo y Thiago.

Samanta sintió un alivio inmediato al ver a Mateo.

Bajó los escalones casi corriendo y fue a su encuentro, olvidándose por un momento de la presencia intimidante de Alexander y de Thiago.

- Hola -murmuró ella, recibiendo el abrazo de Mateo, quien la rodeó por la cintura con un brazo, pegándola a su cuerpo en un gesto protector.

-¿Todo bien por aquí? -le preguntó él en voz baja, besándole la coronilla- ¿Estuviste aburrida?

- Un poco. Estoy bien -respondió Samanta, apartándose ligeramente para mirar detrás de los dos primos, buscando el vehículo que faltaba- Y...

¿Sofía viene detrás de ustedes? ¿En su coche?

Mateo frunció el ceño, deteniéndose en seco. La pregunta lo descolocó por completo.

- ¿Cómo así? -preguntó Mateo, mirando a Samanta con confusión- Sofía está aquí en la finca, contigo. ¿No está en las caballerizas?

Samanta sintió que un bloque de hielo se instalaba en su estómago. Negó con la cabeza rápidamente.

- No, Mateo. Sofía fue a VegaCorp. Salió esta mañana en su Jeep. Me dijo que iba a la ciudad a resolver un asunto pendiente con... un empleado.

- No puede ser -dijo Mateo, y la sonrisa relajada desapareció de su rostro, reemplazada por un pánico repentino- No la hemos visto en todo el día y no he hablado con ella el día de hoy. Ni un mensaje.

Thiago escuchó la conversación y se giró bruscamente, cerrando la puerta del deportivo con un golpe que resonó en el silencio del campo.

- ¿Qué estás diciendo, Samanta? -exigió saber Thiago, acortando la distancia con zancadas largas, su voz grave y cargada de alarma-¿A qué empleado fue a ver?

Mateo no perdió tiempo. Se acercó a sus padres, que caminaban hacia el porche tomados de la mano, discutiendo en voz baja sobre la agenda de mañana.

- Papá, mamá -interrumpió Mateo, deteniéndolos- Samanta dice que Sofía fue a VegaCorp hoy por la mañana.

Lucía y Alexander se detuvieron. La expresión de Alexander pasó de la fatiga corporativa a la alerta de máxima seguridad en una fracción de segundo.

- Imposible -dijeron al mismo tiempo Alexander y Thiago, la negación brotando de ambos con la misma fuerza incrédula.

- No la hemos visto y no hemos hablado con ella hoy -afirmó Alexander, su mirada gris clavándose en Lucía, buscando confirmación- La seguridad no me reportó que ella haya subido a la planta ejecutiva. Si hubiera pisado el edificio, lo sabríamos.

Lucía palideció, llevándose una mano al pecho.

- Yo tampoco la vi. Asumí que estaba aquí, recuperándose de su caída. Ella nunca va a la oficina sin avisar, mucho menos después de la orden de no salir de la finca.

Thiago no esperó a escuchar más suposiciones.

Sacó su teléfono celular del bolsillo de su pantalón y empezó a llamar a su número. Caminó en círculos sobre la grava, con el teléfono pegado a la oreja.

El tono dio una, dos, tres, cuatro veces.

Buzón de voz.

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