Capítulo 357
CAPÍTULO 271
Alexander mantuvo ambas manos firmes en el volante. Había permitido que su sobrino subiera a la camioneta con él, por una razón muy simple:
control.
Quiero que quede algo muy claro -comenzó Alexander, su voz cortando el silencio con la misma autoridad gélida que usaba en las juntas directivas - Fui directo contigo, Thiago. Te permití que me acompañaras solo porque sabía que iba a ser imposible que te quedaras en la finca con el resto de la familia.Tu energía nerviosa habría enloquecido a Lucía y al resto.
Thiago no desvió la vista de la ventana.
- No iba a quedarme sentado esperando a que tus guardias de seguridad me informaran horas después, tío. Es mi prima. Y es mi empleado. Yo debí haber despedido a ese infeliz en cuanto lo escuché en la sala de copias. Todo esto es culpa mía.
- La culpa no nos sirve de nada ahora -lo cortó Alexander con dureza- Y las acciones impulsivas, menos. Escúchame bien: solo vamos a averiguar qué sucede. Tengo un mal presentimiento sobre la repentina desaparición de Sofía y la huida de ese muchacho, pero espero que no sea nada malo. Que sea solo una discusión de pareja mal gestionada.
Alexander apretó el volante. El recuerdo de Fernando Castillo rondando el hipódromo le quemaba en la nuca.
Sin embargo, si las cosas se complican -
advirtió Alexander, girando la cabeza un segundo para clavar sus ojos grises en los de su sobrino-te pido, por favor, que no hagas nada tonto. No estamos en Asia, y no estás lidiando con proveedores que puedes intimidar. Si cruzamos la línea de la legalidad o si alguien está armado, quiero que sigas mis reglas. Yo tomo las decisiones.
¿Entendido?
Thiago apretó la mandíbula. Su instinto le gritaba que destrozara la cara de Esteban en cuanto llegaran, pero sabía que su tío tenía razón.
Alexander era el estratega; él, en ese momento, era solo un hombre cegado por el miedo de perder a la mujer que amaba.
- Entendido -Thiago solo asintió- Seguiré tus reglas. Pero si ese tipo le puso un dedo encima a Sofía...
- Entonces le dare una lección que los médicos no podrán arreglar -concluyó Alexander, dejándolo fuera de la violencia controlada, siempre y cuando estuviera justificada. Y también sabía que no era momento para pelear con su sobrino.
En lugar de dirigirse directamente al domicilio de Esteban, que figuraba en los registros de Recursos Humanos como un barrio peligroso en los suburbios norte, el teléfono de Alexander sonó por los altavoces del vehículo. Era Vargas, el nuevo jefe de seguridad que había asignado para esta operación.
- Señor de la Vega -dijo Vargas, con voz profesional y urgente- Tenemos un problema con las placas del vehículo de su hija. El Jeep Wrangler de la señorita Sofía no registra paso por los peajes hacia la zona norte donde vive el empleado Esteban.
- ¿Dónde está, Vargas?
- Las cámaras de tránsito de la ciudad la ubicaron hace cuarenta minutos ingresando al estacionamiento subterráneo de la Torre VegaCorp, señor.
Alexander y Thiago intercambiaron una mirada de estupefacción.
- ¿A la torre? -preguntó Thiago- ¿Entonces si estuvo en las oficinas? ¿Por qué iría a la empresa si fue a buscar a Esteban?
- No lo sé -dijo Alexander, pisando el acelerador - Vamos para allá. Vargas, ten lista la sala de cámaras.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.