Capítulo 368
CAPÍTULO 282
Tras ver el beso entre Sofía y Thiago en medio de la pista de arena, Esteban decidió que cambiaría de bando por completo. Si los de la Vega lo iban a desechar como basura, él se aseguraría de llevarse algo valioso con él. Decidió que ayudaría a Héctor a atraer a Sofía a la trampa final.
Sabía que no sería difícil.
Él conocía a Sofía. Él sabía que ella querría explicar lo sucedido. Se sentiría responsable de haberlo arrastrado al drama familiar y de haber permitido que Thiago lo humillara.
A Esteban no le importaba si Sofía sentía lástima, culpa o afecto real. Solo le importaba que esa culpa la haría predecible.
Y como lo supuso, al día siguiente, temprano por la mañana, su teléfono vibró con una notificación.
Sofía: [Esteban, tenemos que hablar. Lo de ayer...
no fue justo para ti. Necesito verte y explicarte las cosas en persona.
Esteban sonrió al leer el mensaje.
Ya tenía en su poder las llaves del coche de Karla.
Sofía bajó de su Jeep, confiada, buscando arreglar un malentendido.
Esteban la esperaba junto al sedán oscuro de Karla, con una expresión de fingida desolación.
- Sube, Sofía -le había dicho él con voz temblorosa, interpretando el papel de víctima asustada- No quiero que nadie nos vea aquí.
Thiago me amenazó ayer. Dijo que si me veía cerca de ti, me destruiría la vida. Me prestó el coche una amiga para venir a sacar mis cosas. No quiero estar en este edificio.
Sofía, movida por la indignación ante la tiranía de su primo y la empatía por el chico, subió al asiento del copiloto sin dudar.
El plan de Esteban era perfecto. Llevaría a Sofía a la propiedad abandonada donde la entregaría a Héctor, cobraría su porcentaje del rescate y se iría.
Sin embargo, había un detalle no había calculado.
No quería llevar a Benicio, pero el entrometido apareció.
Justo cuando Esteban estaba a punto de arrancar el coche con Sofía dentro, la figura de Benicio de la Vega surgió de entre las sombras del estacionamiento. El primo menor había estado siguiendo a Esteban por órdenes de Thiago, y al ver el coche de Sofía en el estacionamiento decidió intervenir.
El pánico frío se apoderó de él. Si Benicio llegaba al coche y veía que Sofía su plan se esfumaría.
Tenía que actuar antes de que Benicio alcanzara el campo visual directo de Sofía.
Con una rapidez y frialdad nacida de la desesperación por las deudas, Esteban apagó el motor recién encendido.
- Sofía, perdóname un segundo. Creo que dejé caer un documento importante debajo del asiento antes de subir -mintió Esteban apresuradamente, adoptando su mejor cara de practicante torpe- Voy a revisar por fuera.
- Claro, no te preocupes -respondió ella sin levantar la vista de la pantalla, ajena al peligro.
Esteban salió del coche, cerrando la puerta con un clic suave para no alarmarla, y caminó rápidamente hacia la parte trasera del sedán, interceptando a Benicio antes de que este pudiera acercarse a la ventanilla del copiloto.

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