Capítulo 369
CAPÍTULO 283
El camino de grava que conducía a la antigua hacienda de la familia Navarro, una propiedad embargada y olvidada tras la quiebra del suegro de Fernando Castillo.
Alexander de la Vega detuvo su camioneta a unos doscientos metros de la entrada principal. Detrás de él, dos furgonetas negras del equipo de seguridad privada de Vargas y tres patrullas de la policía, hicieron lo mismo.
- Están ahí -dijo Mateo, con la voz ronca, la mano apoyada en la manija de la puerta-
- Vamos a entrar y a destrozar a cualquiera que se interponga -afirmó Thiago-. Fernando, Héctor, Esteban o quien sea.
Ambos primos hicieron ademán de abrir las puertas del vehículo, pero Alexander se los impidió.
- Nadie sale de este coche hasta que yo lo ordene -dictaminó Alexander. Su tono no era el de un padre o un tío; era el de un comandante en jefeMírense. Están desesperados, cegados por la adrenalina y la testosterona. Entrar gritando sin un plan es exactamente lo que Fernando quiere. Él ataca a traición.
- ¡Es mi hermana, papá! -explotó Mateo- ¡Y es Samanta! ¡Están con un psicópata! ¡No me pidas que me quede aquí esperando!
- Y es mi prima y mi hermano menor -añadió Thiago, apretando la mandíbula-
- No les pido que se queden aquí -respondió Alexander, bajando un poco el tono, buscando conectar con ellos- Sé que es imposible dejarlos fuera de esto. Pero deben pensar. Usar el cerebro, no solo los puños. Fernando siempre ha sido un cobarde. Ha usado a Esteban para hacer el trabajo sucio.
Alexander señaló el edificio en ruinasa través del parabrisas sucio.
- Si entramos como un ejército, Fernando pondrá a las chicas o a Benicio como escudos humanos y negociará su salida. No le daremos esa oportunidad.
Ingresará primero el equipo táctico de la policía.
Inmediatamente después, entramos nosotros con Vargas. ¿Entendido?
Mateo y Thiago se miraron, la respiración de ambos ralentizándose al asimilar la estrategia de Alexander.
- Entendido -dijeron al unísono.
En ese momento, la puerta trasera se abrió desde afuera y Vargas, el jefe de seguridad, asomó la cabeza.
- Señor de la Vega. El capitán de la policía dice que están listos para entrar. Perímetro asegurado.
- ¿Y Rodrigo? -preguntó Alexander.
Vargas hizo una mueсa.
- El señor llegó en su propio coche, señor. Está estacionado detrás de las patrullas. Dice que prefiere esperar fuera. Está... bastante alterado.
Alexander asintió, sin sorprenderse. Rodrigo no era hombre de acción, y el terror de perder a su hijo Benicio lo había paralizado.
Que se quede en el coche. Protéjanlo si alguien intenta huir por allí. Vamos.
Bajaron de los vehículos en silencio. El equipo táctico de la policía, vestidos de negro y fuertemente armados, avanzó hacia la propiedad en silencio profesional. Alexander, Thiago y Mateo los siguieron de cerca, flanqueados por Vargas y dos de sus mejores hombres.

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