Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 38

Capítulo 38

CAPÍTULO 21

Elisa De la Vega estaba sentada en su mesa habitual del restaurante, la que tenía la mejor vista del jardín y la peor acústica para los curiosos.

Tamborileaba sus uñas perfectamente manicuradas sobre el mantel de lino blanco, observando la copa de Chardonnay que brillaba bajo la luz del mediodía.

Acababa de salir de su sesión de masajes y drenaje linfático, pero la tensión en sus hombros no había desaparecido. De hecho, se había intensificado desde el desayuno. La conversación con Lucía había sido... desconcertante.

Miró su reloj Cartier. Rodrigo llegaba tarde. Como siempre.

Elisa suspiró, dejando vagar su mente hacia terrenos peligrosos. Pensó en Alexander. En cómo se veía la noche anterior en la gala, enfundado en ese esmoquin negro, irradiando poder y una sexualidad contenida que hacía temblar las rodillas.

Elisa amaba el dinero de Rodrigo, su apellido y la posición que le otorgaba, pero si era brutalmente honesta consigo misma -y solo se permitía serlo después de dos copas de vino-, hubiera preferido mil veces estar casada con Alexander.

Él era el premio mayor. El macho alfa de la manada. Pero Alexander nunca le hizo caso. Ni en la universidad, ni en las fiestas familiares. Para él, Elisa era parte del mobiliario, la "esposa de su primo". Una mujer adorno.

- Perdón por la demora.

La voz de Rodrigo la sacó de su ensoñación.

- Amor mío -saludó Elisa con un entusiasmo fabricado, ofreciéndole la mejilla para un beso rápido-. Te ves agotado.

- Y lo estoy. El tráfico es un infierno y las reuniones de la mañana fueron interminables.

- ¿Cómo te fue? -preguntó ella, haciendo una señal al camarero para que trajera el menú.

- Un día aburrido en la oficina. Papeles, firmas, japoneses que no sonríen. Lo de siempre.

Elisa dejó de sonreír. Su paciencia, delgada como un hilo de seda, se rompió.

Rodrigo, por favor. Esa mujer no sabe distinguir un tenedor de pescado de uno de postre. ¿Cómo voy a trabajar con ella?

- Bueno, tú dijiste que hablaste con ella esta mañana, ¿no? -Rodrigo intentó calmar las aguas -. Dijiste que fue razonable.

- Intente hablar con ella hoy, sí. Me dijo que no está nada interesada en el cargo administrativo, que quizás solo se involucre en "proyectos menores" o asesorías técnicas sobre animales y niños. -Elisa rodó los ojos-. Como si la Fundación fuera un zoológico.

- Entonces, ¿cuál es el problema? -preguntó Rodrigo, sirviéndose agua-. Si ella no quiere el control administrativo, tú sigues al mando de los eventos y las finanzas. Es el escenario ideal.

Elisa miró a su alrededor para asegurarse de que los camareros no estuvieran cerca. Su rostro se endureció, perdiendo toda la suavidad de la alta sociedad para mostrar la frialdad de una mujer de negocios ilícitos.

- Rodrigo, eres un ingenuo. -Su voz era un susurro afilado-. Tú sabes mejor que yo que ella no puede involucrarse en nada de la Fundación. Ni en proyectos menores, ni en asesorías, ni en nada que implique ver un solo papel membretado.

Rodrigo dejó el vaso de agua sobre la mesa. Su expresión cambió, volviéndose sombría.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.