Capítulo 381
CAPÍTULO 295
(Días antes de la Gala de la Fundación)
Habían asistido al evento no por caridad, sino por obligación social y por la necesidad imperiosa de Victoria de dejarse ver en los mismos círculos de los que, poco a poco, empezaba a ser incluida nuevamente.
Su esposo, el abogado principal del señor Zambrano, era un hombre poderoso en el sector inmobiliario y legal, pero también era un misógino controlador que mantenía a Victoria con la cuenta bancaria asfixiada. Él tenía el dinero; ella, el apellido aunque cada vez valiera menoS.
La tarde en el hipódromo había sido un fracaso para ambos.
- Ya te cansaste de tirarle dinero a esas mujeres, ¿verdad? -preguntó Victoria, rompiendo el silencio del coche con un tono arrastrado y cargado de veneno- Te vi en el palco de inversores. Creíste que con invitar un par de copas podías comprar la atención de la
bailarina, y te dejaron con la palabra en la boca.
El abogado apretó el volante, sus nudillos volviéndose blancos. No le gustaba que le recordaran sus fracasos, y mucho menos su propia esposa.
- No -contestó él secamente, sin apartar la vista de la autopista.
Victoria soltó una risa nasal, corta y despectiva, acomodándose en el asiento de cuero beige.
- Ay, por favor. No intentes disimular conmigo.
Vi cómo te rechazó hoy una de ellas.
El abogado la miró de reojo, sus ojos destilando una mezcla de humillación e irritación.
- No todas las mujeres son interesadas o fáciles de comprar como tú crees, Victoria - respondió el hombre, su voz cargada de un resentimiento antiguo- Algunas, por increíble que parezca, tienen principios. O al menos, tienen a alguien que las proteja.
Victoria se tensó.
- Algunas son peores que yo -escupió Victoria, cruzándose de brazos, su paciencia con
ese matrimonio de conveniencia agotándose por completo- Algunas se visten de santas para atrapar a los verdaderos millonarios y luego se pavonean por los palcos como si fueran de la realeza, cuando no son más que arribistas que tuvieron suerte en un altar. Y tú eres un idiota si crees que esa bailarina tiene principios. Solo estaba esperando una oferta mejor que la tuya.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.