Capítulo 380
CAPÍTULO 294
Observó la reacción de Victoria. Vio cómo ella desdoblaba el papel. Vio cómo su cuerpo se ponía rígido, cómo miraba a su alrededor con alarma, y luego, cómo seguía las instrucciones escritas en la servilleta.
El mensaje era simple: <Conozco tus problemas financieros y matrimoniales. Si quieres una solución que no implique escándalos públicos, ven al camerino de la estrella principal. Ya sabes el camino al subsuelo.» Héctor no esperó más. Se dio media vuelta y caminó por el pasillo de servicio. Entró en el camerino de Samanta. Ella aún estaba en el escenario, así que tenía tiempo.
Se sentó en la única silla disponible, frente al espejo rodeado de bombillas deslumbrantes, cruzó las piernas y se preparó para la visita.
Minutos más tarde, la puerta del camerino se abrió con cautela.
Victoria Navarro entró. Se quitó las gafas de sol oscuras y miró alrededor del pequeño y recargado cuarto. Cuando sus ojos se encontraron con la figura sentada frente al espejo, el aire pareció abandonar sus pulmones.
- Después de tantos años... -murmuró Victoria, su voz teñida de asco y de una incredulidad casi dolorosa, recuperando rápidamente su pose de superioridad al reconocer a su exmaridoEncontrarte en este antro de mala muerte. Debería haberlo imaginado. Es exactamente el nivel de miseria al que perteneces, Fernando.
Héctor soltó una carcajada ronca, sin inmutarse por el insulto. Disfrutaba ver la repulsión en su rostro.
- Yo también me alegro de verte, querida Victoria -saludó él, con un cinismo ensayado- Pero no te preocupes por mí. Yo estoy en mi elemento. La pregunta interesante aquí es: ¿qué haces tú en este nivel de miseria?
Victoria se cruzó de brazos, manteniéndose cerca de la puerta, lista para huir.
- Eso no es asunto tuyo. Recibí una nota. ¿Fuiste tú el idiota que me la envió?
- Fui yo, sí -admitió él, recostándose en la sillaTe vi desde las sombras, Victoria. Vi cómo no le quitabas los ojos de encima al cerdo de la mesa doce. Sé quién es. Sé lo que hace. Y sé que si tú estás aquí espiándolo, es porque tu vida se está cayendo a pedazos. Otra vez.
Victoria apretó los labios. La humillación de ser descubierta en una situación tan precaria por el hombre que le había robado y destruido su matrimonio anterior era insoportable.
- Cuida a tu marido mejor -le aconsejó Héctor, en un tono de falsa compasión- O a tus inversiones.
Porque si estás siguiendo a ese tipo del sector inmobiliario, es porque estás buscando dinero desesperadamente. O quizás tu nuevo esposo está haciendo negocios que te preocupan.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.