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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 389

Capítulo 389

CAPÍTULO 303

- Mami... sabes que puedo bajar a comer al comedor, ¿verdad? -dijo Sofía, con un tono que mezclaba la gratitud con la frustración, mientras se incorporaba un poco más contra la cabecera de la cama- Mis piernas funcionan perfectamente. No es necesario que sigas trayéndome la comida a la habitación como si fuera una paciente terminal.

Lucía depositó la bandeja sobre las piernas de su hija con cuidado, ignorando la queja.

- El médico fue muy claro, Sofía. Reposo por al menos cinco días. Sufriste una conmoción leve en la caída y luego pasaste días... prefiero no recordarlo. Tu cuerpo necesita recuperarse.

- Además, ya me siento bien -insistió Sofía, tomando la cuchara pero sin probar la sopaSolo me duele un poco el hombro. Tengo que bajar, mamá. Tengo que ir a los establos. La competencia Nacional de Salto es en un mes exacto. No puedo perder más tiempo en la cama si quiero clasificar.

La expresión de Lucía se endureció ligeramente.

Se sentó en el borde de la cama, cruzando las manos sobre su regazo.

- Sofía... no creo que puedas participar de esa competencia.

El ambiente de la habitación se enfrió de inmediato. Sofía dejó la cuchara en el plato, frunciendo el ceño.

- ¿Por qué no? Mamá, solo fue un golpe. Para la semana que viene estaré montando de nuevo.

- Tu última caída en la pista de exhibición fue grave, Sofi. Eclipse se asustó y tú saliste despedida a una altura considerable -le recordó Lucía con firmeza, aunque sus ojos mostraban el dolor del recuerdo- Y luego vinieron los días que pasaron en cautiverio con tu primo. Ese nivel de estrés físico y psicológico no se borra con un par de analgésicos y una siesta larga.

Tienes que recuperarte por completo. No voy a permitir que arriesgues tu vida en una competencia exigente cuando tu cuerpo aún está sanando.

Sofía sintió que un nudo de frustración se formaba en su garganta.

- Mamá, me he preparado para ese momento toda mi vida -suplicó Sofía, mirándola con desesperación- Desde que era una niña y me enseñaste a montar. Es mi sueño. No puedo dejarla pasar. Si no compito este año, perderé el ranking y tendré que empezar de cero la próxima temporada. Por favor, confía en mí.

Conozco mi cuerpo.

Lucía la miró en silencio durante un largo minuto. Veía en los ojos de su hija la misma terquedad feroz que ella misma había usado para enfrentarse al mundo.

Suspiró, rindiéndose a medias.

- Hablaremos con el médico el viernes. Si él te da el alta deportiva y Eclipse está en condiciones, te dejaré entrenar. Pero bajo mis reglas y mi supervisión directa, Sofía. Al primer signo de mareo o dolor, se cancela la competencia. ¿Entendido?

La sonrisa que iluminó el rostro de Sofía rivalizó con el sol que entraba por la ventana.

- Eres la mejor. Te lo juro, estaré perfecta.

Sofía tomó la cuchara con ánimos renovados y dio el primer sorbo a la sopa de pollo. Sin embargo, mientras comía, notó que su madre no se levantaba para irse. Lucía seguía sentada en el borde de la cama.

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