CAPÍTULO 304
Samanta terminaba de abrocharse un elegante pero sencillo vestido cruzado de color burdeos frente al espejo de cuerpo entero del vestidor. Se alisó la tela sobre las caderas, comprobó que su cabello oscuro cayera perfectamente sobre sus hombros y se giró para buscar sus zapatos de tacón bajo.
- Estoy lista -anunció Samanta, acercándose a Mateo con una sonrisa suave- Podemos salir cuando quieras. Imagino que tu madre ya debe tener la cena casi en la mesa.
- No, amor. Hoy no iremos a la finca -dijo Mateo.
Samanta parpadeó, confundida, deteniéndose a medio paso.
- ¿No iremos? -preguntó, frunciendo el ceño - Pero si Lucía me escribió esta tarde diciendo que haría estofado, y nos estaría esperando.
¿Pasó algo? ¿Están bien?
- Todos están perfectamente bien. Demasiado bien, de hecho -aclaró Mateo, acercándose a ella -. Pero créeme, esta noche vamos a estorbar.
El tono misterioso de Mateo era inusual.
- ¿Por qué íbamos a estorbar en una cena familiar? Si hemos ido casi todos los días desde el rescate.
Mateo soltó una carcajada baja y se apoyó contra el sofá de cuero blanco.
- Porque hoy, Samanta, va a suceder algo en esa casa que prefiero no verlo en persona; solo escuchar la versión corta al día siguiente.
Samanta abrió los ojos, comprendiendo hacia dónde iba la insinuación.
- ¿Y qué va a suceder hoy? -preguntó ella en un susurro, anticipando el drama.
- Vamos a conocer un lado de Thiago que Nadia ha visto hasta ahora -bromeó Mateo, aunque había un respeto genuino en su voz- Thiago va a la finca esta noche. Y va a hablar con Sofía. Sin interrupciones, sin tías, sin nosotros haciendo bulto en la sala.
Samanta lo entendió al instante.. Si Thiago finalmente iba a romper su silencio y enfrentar sus sentimientos, la presencia de la familia entera solo sería molestia.
- Oh... -murmuró Samanta, sonriendo con ternura ante la imagen- Ya entiendo. Mejor los dejamos solos. Sofía se merece que él dé el primer paso de una vez por todas.
- Exacto. Así que la casa grande es zona de exclusión esta noche. -Mateo se acercó a ella, tomándola por la cintura con ambas manosAdemás...tenemos nuestra propia celebración aquí.
Samanta lo miró, ladeando la cabeza con curiosidad.
- ¿Celebración? Mateo, no es nuestro aniversario de conocernos, ni mi cumpleaños.
¿Qué estamos celebrando?
Mateo no respondió de inmediato. Sus ojos oscuros brillaban con una emoción intensa, una mezcla de orgullo y ansiedad contenida. Se separó de ella suavemente y caminó hacia la consola de la entrada, donde había dejado un sobre blanco y alargado, de papel grueso y sin ningún logotipo corporativo que lo identificara.
Regresó y se lo tendió.
- Mi madre -confesó él- tiene muchos contactos en el directorio del teatro gracias a las galas benéficas de la Fundación a lo largo de los años. Le pedí un favor. Ella hizo un par de llamadas a los directores artísticos.
- Los directores vieron videos tuyos, Samanta -continuó Mateo, con un orgullo inmenso en la voz- Vieron tu técnica, vieron tu fuerza, y sobre todo, vieron la pasión que le pones.
Estuvieron de acuerdo en que tu talento merecía, al menos, una oportunidad. No te estoy regalando un puesto. Solo te conseguí la audición. El resto... el resto depende exclusivamente de ti.
Samanta se aferró más a él, hundiendo el rostro en su pecho, llorando lágrimas de felicidad pura.
- No sé qué decir... -sollozó ella contra su camisa- Mateo, yo... mi lesión... hace mucho que no practico rutinas completas de clásico de alta intensidad. ¿Y si no soy lo suficientemente buena? ¿Y si hago el ridículo y hago quedar mal a tu madre?
Mateo le tomó el rostro con ambas manos, obligándola a mirarlo.
- Que pondrás todo tu empeño para pasar esa prueba, eso es lo que vas a decir - sentenció Mateo con firmeza, transmitiéndole su propia seguridad-. No vas a hacer el ridículo. Vas a deslumbrarlos. Y tu lesión... ya hablé con un especialista. Te hará una revisión completa mañana a primera hora y diseñará un plan de fisioterapia intensivo y seguro para que llegues a la audición en tu mejor forma.
Mateo la besó en la frente, un beso largo у reconfortante.
- Sé que puedes lograrlo, Samanta. Tú naciste para esto. Ya es hora de que el mundo real vea a mi cisne.
Samanta le devolvió el beso, esta vez en los labios, con una pasión y una gratitud que las palabras no podían alcanzar. Se sentía viva, entera, como si finalmente las cadenas de su pasado se hubieran roto por completo.
- Gracias -murmuró ella sobre sus labiosNo te voy a defraudar, Mateo.
-Ahora... ¿brindamos por el futuro de la nueva primera bailarina del Teatro Nacional?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.