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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 402

CAPÍTULO 316

— Lo vi en una foto al salir de la entrevista, en la sala de espera de Recursos Humanos. Una placa enorme. "La Nueva Generación de VegaCorp". La foto de los cuatro herederos enmarcados en plata. Y ahí estabas tú, sonriendo como el príncipe heredero, junto a otra mujer y dos hombres más —le reclamó Martina, con los ojos brillando de una indignación fría.

Benicio sintió que el suelo de mármol de la plaza ejecutiva desaparecía bajo sus pies. La campaña de marketing interno que él mismo había aprobado y diseñado en el yate se acababa de convertir en su guillotina personal. Colgar fotos institucionales de los cuatro por todo el piso cincuenta y en las recepciones principales había sido idea suya para "acercar la directiva a los empleados".

— Martina, déjame explicarte... —comenzó él, levantando las manos.

— Me sentí muy tonta, Benicio. Tan estúpida —lo interrumpió ella, y la amargura en su voz lo cortó como un cristal— Fue mi culpa, claro. ¿Cómo no voy a investigar a fondo la empresa donde pretendo conseguir trabajo? Si hubiera mirado la página web de la directiva, si hubiera leído la sección de historia corporativa, habría visto tu cara de niño rico sonriendo junto a la palabra "Director Global de Logística".

— Martina, no es para tanto —intentó minimizar él, extendiendo una mano hacia ella en un gesto suplicante— En algún momento te lo iba a contar. Solo que... nunca se dio el momento adecuado. Disfrutaba mucho ser simplemente "Benicio" contigo. El tipo del bar de jazz.

— ¿No es para tanto? —Martina soltó una risa seca, retrocediendo un paso brusco para evitar su tacto — Me mentiste en la cara durante meses. Jugaste a ser el pobre chico de oficinista que apenas llega a fin de mes. Te escuché quejarte de los precios del transporte, te invité a cenar porque creí que no te alcanzaba la quincena... ¡cuando prácticamente toda esta ciudad y su puerto les pertenece a ti y a tu familia!

Martina negó con la cabeza, apretando la carpeta de su currículum contra el pecho.

— Eres un excelente actor, ¿lo sabías? —le espetó, con la voz temblando por la traición— Te mereces un premio, Benicio. Porque te creí todo. Me creí cada una de tus historias sobre tu jefe tirano, sobre tus problemas en la oficina, sobre tu vida sencilla. Construiste un personaje perfecto. ¿Qué eras? ¿El príncipe que se disfraza de mendigo para ver cómo vive la gente normal? Para ti, yo solo soy una anécdota divertida para contar en tus clubes privados mientras bebes champán.

— ¡Eso no es cierto! —protestó Benicio, herido en lo más profundo por la acusación, dando un paso desesperado hacia ella— ¡Nunca pensé eso, Martina! Nunca. Yo quería que me conocieras a mí, al verdadero yo, al hombre que está debajo del traje, no a la chequera de mi familia. Si te decía que era un empresario y heredero multimillonario el primer día en la calle... me habrías mirado diferente. O me habrías juzgado por mi apellido, o... hubieras seguido de largo con tu bicicleta.

— O simplemente no habría salido contigo —concluyó ella, tajante, clavando la mirada en él— Porque detesto la mentira. Me da igual si tienes cien dólares o cien millones en el banco, Benicio. El dinero no me asusta. Lo que me asusta es que construiste esto sobre una actuación. Yo me enamoré de alguien que no existe.

Martina ya no estaba escuchando. Se giró sobre sus talones, dándole la espalda al gigante de cristal y al hombre que le había roto la confianza.

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