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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 406

CAPÍTULO 320

— Buenas noches a todos —comenzó Mateo, su voz firme y serena— No quiero quitarles mucho tiempo. Mi tía Elisa ya ha expresado nuestra gratitud. Y los números del proyecto del hospital pediátrico hablarán por sí solos en los próximos meses. Pero hoy, quiero hablar de lo que realmente sostiene a un imperio, a una familia y a una persona.

La sala se quedó en un silencio expectante.

— Creí que el éxito se medía en balances positivos y en el control absoluto de las variables —continuó Mateo, bajando del estrado lentamente, con el micrófono en la mano, caminando hacia las mesas— Creí que te vean vulnerable era una debilidad y que el pasado de las personas dictaba su futuro de forma inamovible. Me equivoqué profundamente.

Mateo se detuvo justo frente a la mesa donde Samanta lo miraba, con los ojos oscuros muy abiertos por la sorpresa. El murmullo en la sala creció levemente, pero Mateo lo ignoró.

— Aprendí que la verdadera fuerza no está en tener una oficina en el piso cincuenta, sino en tener el valor de enfrentar la oscuridad y salir de ella. Que las mejores historias de éxito no se logran en soledad, sino en familia. Y todo eso lo aprendí gracias a la mujer más valiente que he conocido en mi vida.

El corazón de Samanta dio un salto mortal. Sus manos empezaron a temblar.

Mateo le tendió la mano libre, ofreciéndosela.

Samanta dudó un segundo, consciente de los cientos de ojos puestos en ella, pero el amor incondicional en la mirada de Mateo fue más fuerte que cualquier miedo escénico. Se puso de pie y tomó su mano.

Mateo la atrajo suavemente hacia el centro del pasillo. La sala estaba contenida en un silencio de asombro puro. Lucía se llevó las manos a la boca, emocionada, mientras Alexander sonreía.

— Samanta —dijo Mateo, y esta vez no usó el micrófono, aunque en el silencio sepulcral su voz se escuchó perfectamente en las mesas cercanas— Prometí que te protegería. Prometí que construiríamos una vida normal y aburrida si eso es lo que querías. Pero hoy, frente a mi familia y frente a todos los que alguna vez pensaron que nuestro mundo no tenía espacio para ti, quiero romper esa promesa de aburrimiento.

En medio de la Gala de la Fundación, ante las cámaras de la prensa social que ya empezaban a disparar flashes, Mateo de la Vega dio un paso atrás, soltó el micrófono que un camarero recogió hábilmente, y se arrodilló en el suelo de mármol pulido.

Un grito de sorpresa colectivo recorrió el salón. Elisa se llevó las manos al pecho. Benicio soltó un "¡Wow!" audible desde su mesa.

Samanta se quedó petrificada, las lágrimas asomando instantáneamente a sus ojos.

Mateo metió la mano en el bolsillo interior de su esmoquin y sacó una pequeña caja. La abrió. En su interior, un anillo de platino con un diamante de talla princesa, rodeado de zafiros oscuros que recordaban el color de la noche en que la conoció, brilló bajo la luz del salón.

Capítulo 406 1

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