CAPÍTULO 93
El juez, golpeó el mazo, dando inicio a la sesión.
— Estamos aquí para dirimir la legitimidad de la herencia de Julian Thorne y los cargos de fraude y falsificación documental contra el señor Augusto de la Vega y el señor Carlos Mendoza —anunció el juez con una voz que resonó en las vigas del techo— Tiene la palabra la acusación.
El abogado Guzmán se puso de pie con una sonrisa de suficiencia. A pesar de la desaparición de Enrique Saldívar, Guzmán seguía representando los intereses de Arthur Thorne.
— Señoría —comenzó Guzmán, paseándose frente al estrado— este no es un caso de negocios. Es un caso de rapiña. Augusto de la Vega no era más que un estibador, un hombre sin pasado que huyó de esta ciudad bajo una sombra de sospecha. Aprovechándose de la soledad y la presunta demencia de un ciudadano extranjero, el señor Julian Thorne, logró tejer una red de mentiras para heredar una fortuna que, por ley y sangre, le pertenece a mi cliente, Arthur Thorne. Presentamos como prueba los documentos bancarios que muestran transferencias masivas en fechas donde el fallecido no estaba en su mejor estado de salud.
Guzmán dejó el sobre de papel sobre la mesa del juez.
— Además —continuó Guzmán, lanzando una mirada a Matilde— contamos con las declaraciones de ciudadanos ilustres que confirman la naturaleza manipuladora del acusado.
— ¡Objeción! —intervino el abogado de Augusto, un hombre joven pero brillante llamado Estrada— La fiscalía debe saber que esas "declaraciones" han sido oficialmente rectificadas.
El salón estalló en susurros. El juez arqueó una ceja.
— Explíquese, señor.
— Tengo en mi poder las actas notariales firmadas por los señores Rodolfo y Leticia Valente —declaró Estrada con voz firme—. En ellas, confiesan haber sido coaccionados por el senor Enrique Saldívar para declarar contra mi cliente. Retiran todos los cargos y afirman que el señor De la Vega siempre actuó con integridad.
Matilde sintió que un peso inmenso se levantaba de su pecho. Miró a Augusto y vio un destello de alivio en sus ojos oscuros. Guzmán, por el contrario, palideció, pero no se rindió.
— Eso no cambia el origen del dinero, Señoría —replicó Guzmán— ¿Cómo explica un camarero una fortuna de tal calibre? Es un fraude sucesorio, se mire por donde se mire. No hay ninguna prueba de que de la Vega y Thorne tuvieran una relación legítima de negocios.
Fue el turno del abogado de Augusto para contraatacar.
— ¿Relación legítima? Señoría, solicitamos que se admita como prueba el registro de la enfermería del muelle sur de hace tres años.
Estrada caminó hacia el estrado y entregó la hoja amarillenta que las mujeres habían traído del puerto.
— Este documento prueba que hubo un asalto violento. Que un ciudadano extranjero fue rescatado por dos hombres. Los tiempos coinciden exactamente con la llegada de Augusto de la Vega y Carlos Mendoza a esa ciudad.

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