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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 72

Capítulo 72

CAPÍTULO 38

El Aston Martin gris plata se encontraba estacionado discretamente a media cuadra de la Clínica Veterinaria Flores.

Alexander de la Vega llevaba allí desde el mediodía.

Jamás se lo confesaría a Lucía. Su orgullo no le permitiría admitir que, en lugar de irse a jugar al golf o a conspirar con abogados como haría cualquier esposo despechado y destronado, se había pasado horas haciendo guardia frente al negocio de su mujer como un adolescente obsesivo.

Había intentado trabajar. Tenía su tablet conectada al punto de acceso del coche y varios correos pendientes de inversores asiáticos que estaban en pánico por el nombramiento de Lucía. Pero no lograba concentrarse. Sus ojos se desviaban constantemente hacia la puerta de entrada de la clínica.

Contó veintidós clientes entrando con mascotas.

Calculó el tiempo promedio de consulta (quince minutos). Observó el flujo de proveedores.

Su mente de tiburón financiero no descansaba.

<«El negocio tiene potencial», analizó mentalmente, tamborileando los dedos sobre el volante. <<La ubicación es buena, el tráfico de clientes es constante, pero si sigue cobrando esas tarifas bajas que vi en el cartel de la entrada, sus márgenes de ganancia deben ser mínimos. Está operando casi al costo. Necesita reestructurar los precios o ampliar los servicios de alta complejidad para subsidiar la caridad».

Alexander suspiró, sabía que Lucía se esforzaría.

Había visto su determinación. Pero la voluntad no bastaba en la sala de juntas.

<<La van a comer viva», pensó con un nudo en el estómago.

Miró el reloj del tablero. Las 22:00.

Era el momento.

Tomó su teléfono y escribió el mensaje, cuidando cada palabra para que sonara casual y no como si llevara todo el día espiándola a cincuenta metros.

Damián estaba ocupado investigando las cuentas bancarias de Fernando Castillo; no tenía idea de dónde estaba Lucía. Pero Alexander necesitaba una excusa para intervenir.

La respuesta de ella llegó rápido: Trae cena.

Alexander sonrió en la oscuridad del coche. Al menos mantenía el sentido del humor.

No tenía idea de los gustos culinarios de su esposa.

En diez años, nunca habian salido a comer.

Veinte minutos después, Alexander empujaba la puerta de la clínica con el pie, cargado con bolsas de papel marrón y una bolsa elegante de seda negra con el logo del restaurante japonés.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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