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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 74

Capítulo 74

CAPÍTULO 39

Lucía, Alexander y Alina desayunaban con una naturalidad brutal, como si fuera rutina compartir la mesa entre una veterinaria, su asistente y el magnate dueño de la mitad de la ciudad. Alexander había encargado cruasanes y café recién hecho a primera hora, demostrando una vez más que su capacidad logística funcionaba igual de bien para mover contenedores que para conseguir desayuno caliente en un barrio residencial.

Lucía estaba revisando unos correos en su celular mientras masticaba un trozo de pan. De repente, su rostro se iluminó y sus dedos marcaron un número con rapidez. Se levantó de la mesa y caminó unos pasos hacia la ventana, buscando privacidad, 1

aunque en la pequeña sala eso era imposible.

Alexander, que fingía leer las noticias financieras en su tablet, agudizó el oído.

- Hola, mi vida -dijo Lucía con esa voz suave y melosa que a Alexander le hacía rechinar los dientes-. ¿Cómo amaneciste? ¿Ya desayunaste?

Hubo una pausa. Lucía sonrió.

- Yo también te extraño, Mateo. Mucho. Prometo que pronto nos veremos. Y te llevaré eso que tanto te gusta. Sí, mi amor.

Alexander sintió que el café le quemaba el esófago.

Otra vez. Otra vez ese maldito nombre. Y ahora le prometía llevarle "eso que tanto le gusta". Su imaginación, alimentada por los celos y la falta de sueño, voló hacia escenarios que prefería no describir.

Cuando Lucía cortó la llamada y volvió a la mesa, Alexander no aguantó más. Dejó la tablet sobre la superficie con un golpe seco que hizo saltar a Alina.

- ¿Los caballos están mal nuevamente? - preguntó él, con un tono que pretendía ser casual pero que destilaba ácido.

Lucía lo miró, confundida, con la taza a medio camino de sus labios.

- ¿Los caballos? -repitió, frunciendo el ceño-.

No sé a qué te refieres, Alexander.

- A la llamada -insistió él, clavando sus ojos grises en los de ella-. Asumo que hablabas con la hacienda. ¿Ese tal Mateo tiene problemas con Tormenta otra vez? ¿O es otro animal el que necesita tu... atención urgente?

Lucía parpadeó. Por un segundo, no entendió la conexión. Para ella, Mateo era su niño adorado. El Mateo de la hacienda era solo un cliente. La idea de que Alexander pudiera confundirlos ni siquiera cruzó su mente inocente.

- No, no tiene nada que ver con la hacienda - respondió ella con sencillez-. Todo está tranquilo por allá, supongo.

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