Capítulo 92
CAPÍTULO 50
Elisa estaba sentada frente a su tocador, aplicándose maquillaje con movimientos bruscos y precisos, como si se estuviera pintando para la guerra. En el reflejo del espejo, veía a su esposo ajustándose la corbata con una lentitud exasperante.
- Ya no sé si es buena idea separarlos, Rodrigo - soltó Elisa de repente, dejando la brocha de rubor sobre la mesa con un golpe seco-. Lo he estado pensando toda la noche. Si logramos que se divorcien... ¿Qué nos garantiza que ella se vaya?
Rodrigo la miró a través del espejo, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño.
- Si se divorcian, ella pierde la protección de Alexander. Se vuelve vulnerable.
- ¿Vulnerable? -Elisa soltó una risa histérica, girándose en su taburete-. Rodrigo, ipor favor! Esa mujer acaba de comprar una naviera en una tarde.
Se ganó al abuelo con un budín y a los accionistas con un discurso sobre honestidad. Si se divorcia ahora, se llevará la mitad de la fortuna y, peor aún, se quedará con la presidencia porque Augusto la adora. ¿Te imaginas si esa queda dueña de todo y encima soltera? Nos echaría a la calle antes de que pudieras decir bancarrota.
Rodrigo se terminó de hacer el nudo de la corbata y caminó hacia ella, posando las manos sobre sus hombros tensos.
- Eso no va a suceder, Elisa. No entres en pánico.
El plan sigue siendo el mismo: encontrar una grieta.
Demostrar que es incompetente o que es una fraude. Pero para eso, necesitamos tiempo.
- Tiempo es lo que no tenemos -replicó ella, quitándose las manos de su marido de encima-.
Tu abuela Matilde me envió un mensaje a las seis de la mañana. Quiere que nos reunamos con ella y con Lucía antes de que te vayas a la oficina. En el salón de té.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.