Capítulo 91
-¿Necesario? -Alexander soltó una risa seca-.
Estás intentando adoptar a dos seres humanos. ¿No te pareció un detalle relevante para mencionarle a tu esposo?
- No era algo que tuviera contigo directamente - se defendió ella, alzando la barbilla-. Tú estabas ocupado siendo el CEO, viajando, viviendo tu vida.
Yo estaba...construyendo mi vida. El contrato que firmamos hace diez años no habla de niños, ni de hijos. Lo revisé varias veces durante estos años para asegurarme. No hay una cláusula sobre eso.
- No hay una cláusula porque se supone que los matrimonios normales no necesitan legislar sobre la biología básica -retrucó él-. Básicamente, hay que hacer varios pasos previos hasta llegar al hijo, Lucía. Pasos que nosotros nos saltamos.
Convivencia, intimidad, confianza.
Alexander la miró con una mezcla de fascinación y reproche.
- Veo que sos de las mujeres que se salta los capítulos y llega al final de la historia -dijo, con un tono que destilaba ironía-. Querías el final feliz sin pasar por todos los problemas del medio.
Lucía sintió que las lágrimas le picaban en los ojos, pero se negó a llorar.
- Yo no quiero el final feliz, Alexander. Yo quiero dar amor. ¿Qué querías que hiciera? Esos niños me salvaron.
- Y ahora quieres que sean parte de esto. De nuestro trato.
- - Quiero que sean parte de mi vida -corrigió ella -. El contrato especifica muy bien qué tipo de relaciones íntimas existen entre nosotros. O mejor dicho, especifica que no existen. Así que, técnicamente, mi decisión de ser madre soltera no te afecta.
- Me afecta desde el momento en que duermen en mi casa -dijo Alexander, recordando la noche anterior-. Me afecta desde el momento en que llevan mi apellido por extensión. Me afecta porque soy tu esposo, te guste o no.
Lucía lo miró a los ojos, suplicante pero firme.
- No te estoy pidiendo que te hagas cargo de nadie, Alexander. Sé que dijiste que no quieres ser padre.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.