Capítulo 96
CAPÍTULO 52
- Suficiente por hoy -declaró Alexander, apareciendo en la puerta de su propio despacho con su saco al hombro y una expresión de alivioVámonos. Los mercados cerraron y tú tienes ojeras.
Lucía sonrió, guardando sus cosas.
- Tengo que ir a la clínica -dijo, poniéndose de pie-. Quiero ver como les fue el dia de proveedores sin mi.
-Te llevo, vamos juntos -dijo Alexander de inmediato.
Lucía lo miró mientras caminaban hacia el ascensor.
- No es necesario que vengas conmigo, Alexander.
De verdad. Ya pasaste todo el día aquí haciendo de niñera corporativa. Seguro tienes cosas que hacer, o quieres descansar. Martínez puede llevarme.
Alexander presionó el botón del ascensor y negó con la cabeza.
- Lo sé, pero quiero ir. Me gusta el café de tu recepcionista. Y además... -hizo una pausa, buscando una excusa lógica-, quiero ver cómo funciona el turno de la tarde. El otro día solo vi la mañana.
Lucía rodó los ojos, divertida.
- Eres imposible. Vamos.
Subieron al Aston Martin. El tráfico de la hora pico era denso, lo que convertía el habitáculo del deportivo en una burbuja aislada del mundo exterior. Alexander conducía con una mano, relajado, mientras Lucía observaba la ciudad.
- Estuve pensando en lo que vi ayer y en los números que me mostró Damián sobre tu negocio -comentó Alexander, rompiendo el silencio con su habitual tono de analista de negocios-. Tienes un flujo de clientes constante, una marca personal muy fuerte y una tasa de retorno de clientes del noventa por ciento. Eso es oro en cualquier industria.
Lucía lo miró, cautelosa.
لان - - Y creo que esa clínica podría ser mucho más rentable aún. Estás subutilizando el potencial de la marca "Doctora Flores". -Alexander la miró de reojo-.¿No pensaste alguna vez en abrir franquicias? Podrías tener una clínica en cada distrito. Estandarizar los procesos, contratas gerentes, y tú te dedicas a supervisar la calidad.
Multiplicamos tus ingresos por diez en dos años.
Lucía soltó una risa suave y negó con la cabeza, mirando por la ventana.
- No, Alexander.
- ¿Por qué no? Tienes el capital. Y ahora tienes el respaldo de VegaCorp si quisieras financiación barata. Es el paso lógico para crecer.
- Es el paso lógico para un empresario, no para un médico -corrigió ella suavemente-. Si abro diez clínicas, perdería la esencia de lo que es mi veterinaria. Yo conozco el nombre de cada perro que entra. Sé si a la señora García le duelen las rodillas cuando trae a su caniche. Si me convierto en una franquicia, me convierto en... Bueno, en VegaCorp. Prefiero quedarme pequeña y real.
Lucía se tensó.
-¿Qué dice el informe?
- Dice que estás limpia. Demasiado limpia. - Alexander tragó saliva-. Lucía, ¿por qué no has vuelto a estar con nadie después de esa noche en la iglesia?
La pregunta quedó flotando en el aire acondicionado del coche.
Lucía se quedó inmóvil. Esperaba preguntas sobre gastos, sobre la fundación, incluso sobre los niños.
Pero no sobre su vida íntima vacía.
- ¿Te refieres al día que nos casamos? -preguntó ella en un susurro.
- Sí. Desde ese día. Han pasado diez años. Eres joven, eres hermosa, eres inteligente. -Alexander apretó el volante-. Yo...yo no fui un santo, Lucía.
Lo sabes. El contrato permitía vidas separadas.
Asumí que tú habrías tenido novios, parejas... algo.
Pero Damián dice que no. Que has estado sola. ¿Por qué?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.