Capítulo 99
Augusto se puso de pie, apoyándose en el bastón, y rodeó el escritorio para quedar cara a cara con su hijo y su nieto.
- Alexander se protegió -dijo Augusto, defendiendo a su nieto favorito-. Hizo lo que cualquier hombre de negocios inteligente hubiera hecho en su situación. Tenía un plazo ridículo - impuesto por mí, lo admito- y una herencia en juego. Buscó una solución legal. Firmó un contrato para blindar su patrimonio. Eso no es fraude, Roberto. Eso es estrategia.
- Pero no es un matrimonio real -insistió Roberto-. Es una farsa.
-¿Y qué es un matrimonio real, Roberto? - preguntó Augusto, clavando sus ojos en su hijo-.
¿El tuyo, que terminó en divorcio a los cinco años porque no soportabas que tu mujer tuviera opinión propia? ¿O el de Rodrigo?
Augusto giró su cabeza hacia su nieto, mirándolo con severidad.
- Si vamos al caso... hablemos de tu matrimonio, Rodrigo. Deberías de enfocarte en él. Tú también debiste firmar un contrato prenupcial como hizo Alexander.
Rodrigo palideció. El ataque lo tomó por sorpresa.
- ¿Mi... mi matrimonio? Elisa y yo nos casamos por amor.
- Se casaron por interés mutuo -corrigió Augusto con brutalidad-. Tú querías una mujer florero para lucir en las fotos y ella quería tu apellido y tu tarjeta de crédito. Pero a diferencia de Alexander, tú fuiste descuidado. No firmaste separación de bienes. Todo lo que tienes es ganancial.
Augusto dio un paso más cerca de Rodrigo, invadiendo su espacio.
- Ahora ya es tarde. Si te llegas a divorciar de Elisa, ella se llevará la mitad de tus acciones. La mitad de tu participación en VegaCorp. Eso pondría en riesgo el control mayoritario de la familia. Si te divorcias, Rodrigo, todos perdemos.
Rodrigo se quedó mudo. Era verdad. Elisa lo tenía atado de pies y manos financieramente. Si la dejaba, ella lo destruiría.
- No estamos hablando de mi matrimonio, abuelo -intentó desviar el tema, sudando frío-. Estamos hablando de Alexander y Lucía. Ellos no se aman.
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Augusto soltó una risa seca.
- El amor crece en lugares extraños, muchacho.
Alexander y Lucía tienen algo que tú y Elisa no tienen: respeto mutuo. Y un objetivo común. Si estás preocupado por ellos, déjame tranquilizarte:
no creo que se divorcien. Al contrario. Los veo más unidos que nunca.
Augusto volvió a su escritorio y se sentó, dando por terminada la discusión sobre el contrato.
- Así que guarda esos papeles, Roberto. No sirven de nada. Ese contrato es papel mojado frente a la realidad que veo todos los días en esta casa.

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