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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 17

Damián

Ambos estamos en la dichosa reunión, esperando por la persona con quien vamos a negociar. Al parecer, ellos están interesados en que sea socio de la empresa. Cualquiera desearía tenerme como socio de algún negocio. Digamos que mi popularidad y mi manera tan excelente de trabajar hacen que cualquiera me quiera tener como aliado que como enemigo.

—Están tardando demasiado —me quejo.

—Ya cálmate, han pasado dos minutos. —Trino entorna la mirada.

—Exactamente, dos minutos que para mí son eternos. Sabes que no me gusta la impuntualidad. Solo yo lo puedo hacer, pero otro no.

Abre la boca y la vuelve a cerrar de inmediato.

—Qué descaro el de la gente. —Se quita de mi lado para ir a pedir un trago.

—¿Me estás esquivando?

Asiente.

—Sí, me das vergüenza. Por todo peleas. Pareces un viejo amargado. —Me hace entrega de mi trago.

—No te quito la cabeza porque eres mi amigo, por desgracia, pero lo eres. —Bebo.

—Ten paciencia. Envejecerás rápido. Ya tienes incluso hasta canas de tanta amargura. Vive la vida con calma, amigo mío, recuerda que es una sola.

Palmeo la espalda de Trino porque tiene mucha razón. Debo dejar de darme tanta mala vida por todo, o me dará un infarto.

La reunión tarda más de lo esperado, pero al fin fírmanos los documentos y ahora ya es oficial: soy socio de una de las mejores empresas que tiene Nueva York. El señor Jairo Contreras me invita a una fiesta que habrá esta noche en su casa. Aceptamos muy encantados, tanto que llamo a Antonella para decirle el cambio de planes de esta noche.

Cuando llego al hotel a buscarla, mi mandíbula se cae al suelo al ver cómo luce. Ella se ha cambiado el aspecto. Su cabello se lo tiñó de castaño, lo cortó un poco y ahora lo usa ondulado. Viste un hermoso vestido negro que deja ver sus delgadas y cortas piernas. Algo me dice que esta noche morirá gente. Es una desconsiderada, ¿cómo puede usar semejante ropa? Sabe que soy un impulsivo y que puedo cometer una tontería si alguien la llega a ver o a tocar. A ella le encanta verme sufrir. El vestido atrás es completamente descubierto hasta su espalda baja. Sus tacones son altos, y eso le da un toque de elegancia. Su maquillaje es el más sencillo que haya visto. Camina hasta mí con tanta soltura y sensualidad. Su sonrisa le da un toque dulce a su rostro.

Trino, que permanece a mi lado, está como yo.

Lo golpeo por observar tanto a mi mujer.

Me sonríe, negando por mi acto.

¿Qué? No confío ni en él cuando se trata de ella.

—¿Te puedo pedir un favor?

Entorna la mirada al saber lo que le pediré.

—Ni lo sueñes, Damián, no me voy a cambiar, así que deja tus celos —sentencia.

—Entonces no respondo de mis actos. Tú serás la responsable de la cantidad de persona que mueran esta noche.

Entrecierra sus ojos y me señala.

—No quiero escenas de celos en una fiesta donde somos los invitados, así que compórtate. Recuerda que me hiciste una promesa. Cúmplela.

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