Antonella
Ya es lunes y me encuentro en la universidad copiando unos deberes que nos dejó la profesora antes de irse. Tuvimos que regresar rápido, ya que a Damián lo solicitaban por aquí. Siempre vive en su trabajo. Odio cuando me dice que tiene una reunión o un almuerzo. Esperaba salir a disfrutar al menos un rato con él y estar a su lado. Desde hace días no dejo de pensar en lo diferente que me siento ahora que me he dado una oportunidad con el señor idiota. Mis sentimientos por ese hombre han cambiado y ya no tengo ese odio de hace tiempo. ¿Será que es posible que terminemos enamorados?
—¿Te encuentras bien? —pregunta mi amiga Amelia.
—Nada. ¿Dónde está Dalia? —Sigo con mi deber.
—Ya viene, está en el baño. Algo le cayó mal. —Se deja caer en la silla que está a mi lado—. ¿Cómo te fue en Nueva York?
Suspiro.
—Bien, aunque ayer pasó algo extraño.—Me estremezco cuando recuerdo mi encuentro con Nicolás—. Vi a Nicolás allá. Hablaba de un modo diferente. Dijo que iba a quitar a Damián de nuestro lado, que, según él, no iba a permitir que arruinara nuestro amor.
Amelia frunce su ceño mientras le da un mordisco a su desayuno.
—¿Nico? —indaga extrañada.
—Sí, yo también me quede así como estás tú, amiga.
Se encoge de hombros.
—Deberías hablarle con la verdad y que jamás pasará algo entre ustedes.
Me entristezco.
—Lo sé, y se lo dije, pero se rehusó. Hasta piensa que Damián me está obligando.
Dalia entra.
—¿Y no es así?
Niego.
—Para nada, estoy a su lado porque así lo quiero. —Algo que confirma lo mucho que me agrada estar con él a pesar de los diversos problemas.
—¿Lo quieres?
Es lo primero que cualquiera puede pensar.
—No del modo que creen. Sí, me gusta, y mucho. Quiero intentarlo con él, y sé que puedo hacer cambiar un poco su modo arrogante. Es mi esposo, ¿No?
Ella asiente.
—Lo sabemos, pero sabrás que eso puede terminar en amor. —Delia me deja saber.
Lo sé muy bien.
—Lo que me preocupa es terminar enamora yo y él no. —Bajo mi mirada.
—Aquí todas sabemos que él te quiere, Nella, y te puedo asegurar que en cualquier momento se enamorará de ti, si es que no lo está ya. Hace demasiadas cosas para hacer que te fijes en él. —Amelia t ene razón.
Cubro mi rostro y luego termino de copiar mi clase.
Ella tiene razón, a veces siento que me quiere, pero me da miedo ilusionarme y terminar herida de amor.
La mañana pasa rápido y ya voy de salida. Me detengo antes de llegar a mi auto. Nicolás se encuentra recostado en él, sonriéndome. Ya no sé qué hacer para que me deje tranquila y entienda que lo de nosotros no podrá ser.
—Hermosa, te estaba esperando. —Se acerca a mí y posa un beso en mi mejilla.
—Nico, ¿qué sucede? —Paso por su lado y abro la puerta de atrás de mi auto.
—Quiero que hablemos un momento.
Tiro mi bolso para luego cerrar la puerta.
—¿De qué? —Sueno como Damián, seca y fría. Creo que se me está pegando lo malo de él.
—De nosotros.
Miro a todos lados y pienso en si es correcto hablar con él.
—De acuerdo. Vayamos al restaurante que está a una cuadra de aquí.
Él asiente satisfecho y sube al auto conmigo. Lo enciendo y me pongo en marcha. Voy a aprovechar para decirle que ya no existe un nosotros y que en realidad nunca existió.
—¿Te sientes bien? Luces preocupada.
Aprieto fuerte el volante y trato de calmarme. Estaciono el auto, lo apago y bajamos de él para entrar al restaurante. Tomamos asientos y ambos quedamos de frente.
—Bien, ¿qué querías hablar?
Frunce su ceño por mi comportamiento.
—Antonella, necesito saber si aún me amas. —No respondo, ya no sé ni lo que siento—. Habla —pide calmado.

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