Entrar Via

Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 20

Damián

Haberle dicho eso creo que fue un error. No quiero que se vaya. No puedo dejarla ir cuando me costó mucho tenerla conmigo.

«¡Carajo, carajo!».

Nunca había experimentado este miedo de perder a alguien, excepto a mi madre y mi hermana, hasta ahora que mis manos tiemblan por la simple idea de que ella se aleje de mí en realidad.

Si ella se va, mi mundo se viene abajo.

«¡Ay, no! ¿Qué carajos estoy diciendo? ¿Desde cuándo me he vuelto tan débil y tan sentimental? En serio comienzo a preocuparme por mí. Bajemos la guardia, Damián. Respira hondo, pausado y sin miedo a nada. Si ella se va, es su asunto, será quien se lo pierda. Sino es así, excelente, continuamos y ya».

No debe por qué afectarme tanto que una mujer se largue de mi vida. A fin de cuentas, hasta sería lo mejor, ¿o no?

Dejo de mirar el rostro de Antonella, que aún continúa impactada por mi decisión, aunque me encuentro en las mismas circunstancias que ella.

—¿De verdad me estás proponiendo eso?

Respiro profundo y asiento.

—¡Sí, sí te lo estoy proponiendo porque no soporto la idea de que quieras a otro hombre!

«Cálmate, Damián, deja de alterarte por una primera vez en tu infeliz vida».

—¿Es lo que quieres?

Claro que no.

—Sí.

«¡Ya cierra la boca, Damián! Lo estás arruinando, perfecto idiota. ¡Cierra la maldita boca!».

Volteo a verla. Tiene su vista fija al frente. Mi repuesta le dolió, lo noto en su triste mirada. ¿Por qué está así si eso era lo que ella más quería? Me encuentro confundido. ¿Ahora no quiere irse? ¿Qué he hecho?

—Anto…

Abre la puerta del carro y baja.

Yo hago lo mismo para ir detrás de ella, pero solo sigue caminando sin prestarme atención.

—¡Antonella! —grito con voz demandante para que se detenga, y lo hace.

—¡¿Qué?!

«¡Ay, no, ya la hice enojar!.»

¡Vaya!

Su voz sonó igual a la mía.

«Ven, pequeña, ven, ponme en mi lugar por idiota».

—¡¿A dónde crees que vas?! —vuelvo a gritarle.

En esta oportunidad ella no se intimida, todo lo contrario, su ira incrementa.

—¡Lejos de ti! Eso es lo que quieres, ¡¿no?! —Hace rabietas como niña malcriada.

Necesita una buenas nalgadas.

«¡Damián, no vayas por ahí!».

—¡Tú no vas a ningún lado, así que sube ya mismo al auto! —lo señalo.

Ella se coloca ambas manos en las cinturas.

—¡No! —Es firme en su palabra—. Tú vete a la mierda, Damián, que te jodan en el infierno. —Se da la vuelta para irse.

A mí nadie me da la espalda y me deja hablando solo como un demente.

Es una insolente.

—Subes ya mismo al auto. No me hagas reprenderte aquí mismo. —Apresuro mi caminar para sostenerla del brazo y girar su cuerpo.

—Déjame. Me quieres lejos, y eso haré. ¡Eres un imbécil! —Golpea mi pecho.

Bien, suficiente por hoy. La subo a mi hombro y le palmeo su nalga con fuerza. Si no actúa por las buenas, entonces será por las malas, pero de mi lado no se va aun cuando yo diga que sí.

—¡Bájame, Damián!¡Suéltame! —grita histérica.

Me vale una verga.

No camino hasta su auto, sino que camino hasta el mío, que se encuentra atrás, siendo dirigido por mis hombre. Ellos abren la puerta de atrás. La subo y me siento con ella dentro.

—¡Te vas a la casa y vas a esperarme allá hasta que yo llegue para aclarar ciertas cosas! —Tengo mi rostro muy cerca de ella.

La muy altanera aún no se deja intimidar.

—Tú no me mandas, Damián.

¿Por qué siempre me tiene que llevar la contraria?

—Deja de pelear conmigo, Antonella, o no respondo —sentencio.

Y ella… ella sigue tentándome.

—No te tengo miedo.

Interesante.

—¿Segura? —Con mi fuerza la subo sobre mis piernas. En este momento me cuesta no tener esos pensamientos perversos. Su ira, su rebeldía y su altanería me excitan, algo de lo que ella se da cuenta cuando siente la erección.

—¡Bájame, bájame!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Clases de amor, para el diablo