Antonella
—An…
—Dijiste que te cuidarías. ¡Oh, por Dios, me va a dar algo!
Me va a dar un ataque al corazón. Sabía que no debía confiar en él, ahora mira lo que ha pasado.
Salgo corriendo para el baño porque obvio debo asearme muy bien.
—Lo siento, princesa. —Entra Damián conmigo en la ducha—. Ahora mismo mandaré a comprar las pastillas de emergencia por si acaso, aunque no creo que quedes embarazada, ya que no estás ovulando. —Posa un cálido beso en mis labios.
—Lo sé, pero igual las tomaré. No quiero bebés, Damián —Lo señalo.
—¿Por qué no? ¿Te imaginas un pequeño Lancaster aquí en casa?
¿Desde cuándo le interesa un pequeño Lancaster en la casa? ¡Nunca le han gustado los niños!
—No, no me imagino, así que borra esa idea de tu cerebro. —Entrecierro sus ojos.
Ni piense él que voy a tener bebés. Aunque debe ser hermoso y algo divertido verlo convertido en padre.
«¿Qué te pasa, Antonella? Ya cállate».
—Como tú digas. Mañana iremos al médico a ponerte en control. —Me toma de la cintura para pegarme a su cuerpo y besar de nuevo mis labios los cuales tanto le fascinan.
—Bañémonos. Ni creas que habrá segundo round, me duele.—Le da la espalda para abrir la llave de la regadera.
—¿Me dejarás así? —Se pego a mí.
Doy un brinquito al sentir su cosa acosarme.
—¡Oh, por Dios! ¿Esa cosa jamás se queda abajo?
Frunce su ceño por cómo lo llamo.
—¡No le digas así!—Me giro para que quede de frente a él—.Y la única manera de que quede en coma es luego de unos cuantos orgasmos más.
Me distancia de él.
—¡¿Qué?!Ni creas que eso volverá a entrar en mí. Necesito una semana para reponerme.
Se ríe de mi como si le diera gracia mi comentario.
—¿No te gustó la experiencia?
—Sí, pero ya es suficiente.
—¿Suficiente? —Me alza y envuelvo su cintura con sus piernas—. ¿Segura que no quieres un poco más?
—Segura.
No insiste porque entiendo que necesito reposar. Es mi primera vez y no quiere lastimarla.
—Desde este momento, mi bella Nella, arderemos juntos en el infierno.
Nuestros cuerpos se humedecen por el agua.
—¿Sabes algo, Damián? Tú eres mi infierno y yo tu cielo —susurro en su oído.
Su piel de inmediato, se eriza.
—Si, mi cielo.
Despierto encima de la espalda de Damián. Me bajo de la cama y camino con un poco de inquietud, porque tengo algo de irritación en mi parte íntima. Hace poco me volvió a hacer el amor. Esa cosa es muy inmensa para mi delgado y frágil túnel. Era de esperarse que tuviera ardor.
Hago mis necesidades. Luego abro el grifo y me meto debajo del agua para refrescar mi piel. Tanto arder de placer esta mañana me ha dejado acalorada.
Enjabono cada parte de mi cuerpo y lavo mi cabello repetidas veces. Cuando ya me he dado un buen baño, seco mi cuerpo y me envuelvo en una toalla, al igual que lo hago con mi cabello. Salgo del baño, y él aún sigue dormido. Entro al vestidor y me coloco un jean y una camisa sencilla con unas zapatillas. Me siento frente al tocador para peinarme y maquillar leve mi rostro. Una vez termino, vuelvo a mirar la cama.
Bajo a la cocina y me encuentro con Leticia, que se ocupa ella en estos momentos de cocinar.
—Buenos días, yo me ocupo de preparar el desayuno. Quiero… sorprender a mi esposo.
—No creo que al señor Lancaster le agrade la idea.

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