Antonella
Ya casi es la hora de salida. Termino de copiar unos deberes para salir. Mis amigas entran al salón con rostros de tragedia. Me alerto de inmediato y me levanto de mi lugar. Sus miradas me preocupan. Algo malo pasó y yo aún no me he enterado.
—Chicas, ¿qué sucede?
Ambas se miran. Parecen estar en un trance.
Observo al otro grupo, que viene con los celulares en mano. Se detienen al verme.
—No sé cómo puedes vivir con un hombre como ese tal Damián.
Frunzo mi ceño y luego le lanzo una mirada asesina.
—¿Disculpa? —Mi tono de voz refleja mi molestia.
—Es un animal, un salvaje. Me das lástima.
Vale, ya fue suficiente.
—Vuelves a decir una sola palabra en contra de mi esposo y te arranco la cabeza.
La chica ríe fuerte.
—¿Cómo puedes defender a ese animal?
Es la gota de agua que rebalsó el vaso.
Me abalanzo encima de la chica y le doy un puñetazo en su cara para que no se meta con él. La única que tiene derecho a llamarlo animal, salvaje, ordinario y todo lo malo soy yo, no esa inútil.
Mis amigas me sujetan para separarme. Agradezco que así sea.
—Eres igual que él. Con razón se casaron.
Intento golpearla, pero no me lo permite.
He llamado la atención de todos. ¿Qué carajos pasa?
—¡Cállate!¡No te metas con Damián! —grito molesta.
—Antonella.
Me giro al ver que Nicolás me llama. Abro mi boca y camino hasta donde él se encuentra.
—Por Dios, Nico, ¿qué te ha pasado? —Acaricio su rostro, que está golpeado por completo.
¿Quién habrá sido el cabrón que le hizo eso?
Observo a mis amigas y luego a él.
—Damián —susurro.
—Fue para mi casa hace dos días a golpearme. Estaba fuera de control. Me golpeaba como si quisiera matarme.
Retrocedo y comienzo a negar. Me está mintiendo.
—No, eso no pudo haber sido él, ¡deja de inventar cosas! —Mi cara arde de rabia.
—Antonella, fue él, princesa.
—Cállate, solo quieres meterlo en líos.
Una risa chillona desvía mi atención.
—Mira, niña —me entrega el teléfono—. Es una bestia.
Miro el video.
Mi corazón late de prisa.
No, no, no puede ser. De seguro Nicolás lo incitó.
—¿Lo provocaste? —lo contemplo con odio—. ¡Sí, eso hiciste!¡Lo provocaste!¡Eres un idiota, Nicolás!
Intenta acercarse, pero en ese momento llega Xandro y lo detiene.
—Aléjese de la señora.
Nicolás le lanza una mirada envenenada.
—Antonella, esa es la prueba de que él no te conviene. Solo míralo, es una bestia. Cuando tiene rabia, se descontrola. —No quiero escucharlo más, así que me doy la vuelta para irme—. Puse una denuncia en su contra. En este momento él está detenido.
¿Qué?
—¡¿Qué hiciste, Nico?! —le brama Amelia—. Esto es obra tuya. Lo has provocado, imbécil. —Lo empuja y llega hasta mí.
—¡Te odio!¡Te odio! —Xandro me sostiene—. ¿Cómo puedes hacerme esto? —Paso mis manos por mi cabello—. Llévame a donde Damián.
Niega.
—Tengo órdenes de no hacerlo, señora.
Me suelto de su agarre.
—Me vas a llevar, Xandro. Mi marido está detenido y quiero ir a verlo.
Vuelve a negar.
—No puedo. La llevaré al médico como me indicó el señor Lancaster y luego a su casa.
¿Cómo puede Damián mandarme al médico cuando él está es una situación difícil?
—Si no me llevas, buscaré la manera de ir.
Dalia me sostiene del hombro.
—Amiga, cálmate. ¿Por qué no vamos a tu casa y esperamos allá?
¿Esperar? No voy a esperar.
Salgo corriendo de la universidad y subo a la camioneta. No me voy a quedar aquí de brazos cruzados mientras él puede estar siento maltratado en una puta cárcel. Enciendo el auto. Xandro trata de abrir, pero no puede, arranco el motor a toda velocidad. Damián me va a escuchar. ¿Cómo puede ser tan idiota?
Al llegar, bajo como alma que lleva el diablo y entro sin decir ni las buenas tardes. Me llevo a todo el mundo por el medio hasta que lo veo ahí, de pie, con su traje intacto y ajustado a su amplio cuerpo. Su expresión la mantiene serena, solo observa a su abogado hablar por él. Poco a poco camino hasta que se percata de mi presencia. Levanta su rostro, me sonríe de lado y me guiña un ojo. Idiota, ¿cómo puede hacer eso cuando yo estoy a punto de sufrir un infarto?
—¿Qué haces aquí, Antonella?
Su voz es pacífica. No está enojado, y eso es un alivio.

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