Entrar Via

Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 26

Damián

Antonella ayer me dejó sin pablaras. Verla ahí, enfrentando a su familia por mí, fue hermoso. Se veía inocente, tierna, como una bebé que luchaba por su juguete para que nadie se lo arrebatara. En la universidad peleó con una chica porque hablaba cosas feas sobre lo que hice. Pero qué loca, después dice que yo soy el impulsivo, ¿y dónde queda ella? Creo que se le está pegando lo malo de mí.

Necesito mejorar. Necesito cambiar no por mí, sino por ella. Mi cielo se merece todo lo bueno. Si ella está dispuesta a luchar, yo también. Nadie puede tocarla. Nadie puede hacerla sentir mal, ni siquiera yo mismo. Es mi princesa, la intocable. Fui tan idiota en caer en los juegos de Nicolás. Por su culpa pasó todo esto y mi cielo tuvo que opacarse por lo que la gente hablaba.

Hoy me voy de viaje a Hawái. Allá tengo otro asunto que resolver, me enterado de algunas cosas referente a los hombres que intentaron lastimar a Antonella, eso me han mantenido preocupado desde hace días.

Salgo del baño envuelto en una toalla y noto que Antonella está sentada en la cama viendo una foto de nuestra boda. Ese fue el día más triste de su vida, y en parte me lástima, porque la obligué. Espero algún día reemplazar esa foto por una donde ambos desprendamos felicidad.

—Ese día que nos casamos pensaba igual que los demás. Hablé mal de ti. Te odié. Me daba rabia saber que estaría a tu lado. Pero ahora… —se levanta y sonríe— te veo diferente, y todo es porque te di la oportunidad. Si tan solo ellos vieran lo bueno que esconde ese Damián por dentro.

La guio conmigo hasta la cama, me siento y la subo a ella en mis piernas.

—La única que me importa que vea lo bueno de mí eres tú. —Acaricio sus muslos—. No me importa el resto del mundo, Antonella, porque mi mundo eres tú.

¿Qué? Ya voy a comenzar de nuevo. Esas palabras tontas salen de mi interior por sí solas. ¿Me estaré enfermando?

—Igual me molesta el hecho de que te traten como el peor del mundo cuando en realidad existen personas malas. —Es demasiado tierna—. Yo les voy a demostrar lo equivocados que están —asegura con firmeza.

Esa es mi chica.

—¿Y cómo?

Se encoge de hombros.

—No lo sé, ya veré. —Me da un suave beso—. Damián —su voz es cariñosa—, ¡no quiero volverme a enterar que peleaste con Nicolás!¡Ya basta!¡Deja de ser tan impulsivo y contrólate!¡Mira todo lo que conllevó una pelea: casi te encierran de por vida!¡Eres un desconsiderado!

¡Dios! ¿A dónde se fue esa voz cariñosa? ¿Ven? Está loca, loca de remate. ¿Cómo puede cambiar de temperamento en cuestión de segundos? Que mujer tan bipolar, acabará con mi vida.

—Cielo, so…

—No, Damián, no puedes andar por la vida repartiendo golpes cada vez que alguien te provoque.

¿Qué? Pero miren a la descarada.

—¿Y tú? Tú también repartes golpes como loca.

Abre la boca para hablar, pero se calla cuando recuerda lo de ayer. Me observa y trata de contener la risa, pero no puede.

—Se lo merecía. Estaba metiéndose contigo. —Se cruza de brazos.

«Hermosa».

—¿Ya entiendes lo que sucede? Así reacciono cuando siento que te ofenden.—Le doy un suave beso, largo, que saboreo encantado. Meto mi lengua en su boca y busco la suya para comenzar a jugar. Ahí está, enredándose con la mía.

Antonella se levanta y vuelve a subir, pero para enrollar en mi cintura sus pequeñas piernas. Meto mis manos por debajo de su camisa y acaricio sus espalda. Rápidamente su piel se eriza. Comienza a moverse sobre mi pene, y eso me enciende más. Saco mis manos para comenzar a quitar su camisa, suelto el brasier para dejar a la vista sus pequeños senos y deslizo mis dedos desde su cuello hasta ellos. Con mi boca tomo uno y lo comienzo a chupar. Es delicioso. Muerdo con delicadeza su pezón. Siento cómo Antonella desliza sus dedos entre mi cabello para luego sujetarlo.

—Mmm, Damián.

Su voz delicada me embriaga.

La giro, dejándola debajo de mí, y poseo sus labios. No deseo jamás que se vaya mi cielo. Es solo mía.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Clases de amor, para el diablo