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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 28

Antonella

El sonido de la alarma me despierta, y no puedo creer que solo haya logrado dormir una hora.

Pasé la mayor parte de la noche conversando con mi infierno y también haciendo el amor.

Debo confesar que muchas cosas entre nosotros se hace mejor, así como cada encuentro sexual entre nosotros es mucho mejor que el anterior, y también como el hecho de que ya conversamos más que los meses anteriores.

Me ha demostrado sus mejoras en este tiempo, y me doy cuenta de que Damián en serio quiere ser un mejor hombre.

—¿Podrías apagar esa alarma? —me pide al mismo momento que me cubre la cabeza con la almohada, yo busco la forma de apagarla, pero el reloj no me ayuda —Ay, cielo —Damián agarra la alarma y la estampa contra la pared—. Así se apaga esa porquería, Antonella. —Enrolla su mano en mi cintura y me lleva con él de vuelta a dormir.

Lo miro por un instante. Me cuesta creer que esté casada con él, y que con el tiempo los sentimientos entre nosotros hayan cambiado para bien.

—Eres ese lado malicioso que le hacía falta a mi vida. —digo al momento de besar sus labios.

Nunca es tarde para darse cuenta de las personas buenas que la vida se encarga de poner en tu camino. Yo abrí los ojos a tiempo, y cuando lo hice, me encontré con él, un hombre estupendo que solo se disfraza de malo para no mostrarse vulnerable frente a los demás.

Dicen que las personas no cambian, pero yo no pienso igual. A mi pensar, las personas mejoran, más si tienen a su lado un apoyo incondicional de un ser amado. En este caso, como Damián, que ya poco a poco va siendo otro hombre muy distinto al que conocí alguna vez. Él ha sido la prueba de que todo es posible si así se quiere.

Estoy orgullosa de él. Ha logrado mucho con esmero a pesar de las cosas que torpemente le salen mal por ser un poco bruto e impaciente, pero bueno, nada que temer. Tampoco es grave, aunque en ocasiones sí, por ejemplo, cuando intenta cocinar temo que un día de esto nos queme con todo y casa.

—Cielo, si sigues viéndome así pensaré que planeas matarme en secreto. —Mantiene sus ojos cerrados.

—Has arruinado mi plan.

Suspira.

—Paso a creerlo.

Lo golpeo en el brazo.

—Infeliz.

Sonríe.

—¿Quieres otro castigo por ser grosera? Esta vez castigaré a tu boquita.

¡¿Se imaginan?! Me ahogaría con su cosa.

—¿Planeas matarme? Esa cosa me ahogaría.

Suelta la carcajada.

—Todo es cuestión de práctica, cielo.

«Sí, cómo no».

—Tranquilo, no te diré más infeliz.

Me pega a su cuerpo y me abraza con más fuerza.

Anoche me demostró que en realidad me le había hecho mucha falta. Desde que volvió del viaje no dejo de abrazarme ni de besarme. Era como si volver a casa junto a mí le devolviera la vida.

—Terminaré convenciéndote, mi cielo.

¿Qué más soñará el pobre tonto ese?

—Aja. Oye, no puedo dejar de verte, infierno. —Acaricio su cabello. Damián es muy guapo. Nunca lo había detallado tanto como lo hago hoy. Sus facciones lo hacen ver como un hombre rebelde y malo, pero al mismo tiempo un hombre pulcro y delicado.

—¿Te gusta verme dormido? —Intenta abrir sus ojos, pero el sueño es más fuerte que él.

—Sí.

Al fin logra abrirlos para centrarse en mí.

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