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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 31

Antonella

Por La mañana despierto más feliz de lo normal, admito que aquella cena no pudo ser mejor de lo que fue. Haber visto a mi familia y a Damián compartir juntos después de tanto tiempo me lleno del alma de felicidad. Ahora sí puedo decir que estoy completo y que todo en mi vida resulta ser excelente.

El desayuno está preparado y todo yace en la mesa, principalmente el café del señor posesivo. Si no ve café, entra en crisis.

Mi suegra comienza a servirle el desayuno.

«Tan viejo y aún la mamá lo consiente. ¡Qué vergüenza!»

Dani aún no ha aparecido, lo cual me hace pensar que debe estar de piernas cruzadas con las de mi hermano. Anoche no dejaban de lanzarse miradas pervertidas en frente todos, incluso se hacían insinuaciones. ¡Qué asco!

—¿Qué piensas, cielo?

«Si supiera que en su hermana y en mi hermano».

—En lo que haremos hoy. ¿Qué te parece si vamos de paseo?

Me sonríe para asentir.

—Genial. ¿Quieres ir, madre? —Bebe de su café.

—Por supuesto, mi amor. —Acaricia la mejilla de Damián.

Qué tierno.

—Pero antes necesito ir un momento a la empresa. —Entrecierro mis ojos—. Será un momento, cielo. —No cambio mi expresión—. Se irán conmigo. Subiré, buscaré los documentos y nos iremos.—Me sonríe, y yo aún continúo seria—. Está bien, tampoco son tan importantes. El lunes los firmó.

Le muestro mi mejor sonrisa.

—Hijo, no puedes trabajar los fines de semana, tienes una esposa que atender. —Limpia con la servilleta sus labios.

—Tienes toda la razón, madre. —Sujeta su mano y le da un beso.

—Me alegra que ya estés aceptando a mi hijo, querida.

Arrugo mi entrecejo al no comprender.

—Siempre me ha aceptado, madre.

Se levanta y palmea la cabeza de Damián.

—¿Me crees tonta? —Ambos nos miramos—. Desde un principio supe la razón por la cual se casaron. Me decepcioné de ti por lo aprovechado que fuiste. Yo siempre te di una buena educación, y lo que hiciste estuvo mal. Obligar a una mujer a hacer algo que no quiere es de poco hombre. —Mi infierno baja su mirada, apenado y avergonzado con su madre—. Supe que todo era una mentira cuando vi la tristeza en los ojos de esta niña. Nella no lucía como una novia. Jamás nos hiciste saber de su existencia y de la noche a la mañana se casaron. Hijo, sé distinguir una felicidad de una infelicidad. Te recuerdo que yo me casé, y cuando viví ese momento, lo único que hacía era sonreír de verdad, y ella no lo hacía.

Mi pobre Damián no sabe qué decir.

Debo ayudarlo.

—Es cierto, todo fue una farsa. Se aprovechó de la situación por la cual mi familia estaba pasando. Fue un completo infeliz que merece ser pateado en el trasero hasta que ya no le quede. —Damián me mira desconcertado por cómo lo termino de enterrar. Río por eso—. Sin embargo, no me arrepiento que así hayan pasado las cosas. —Suelta el aire retenido—. Es un buen hombre, algo bruto, pero eso se puede mejorar. —Me asesina con la mirada—. Hemos aprendido a convivir y a entendernos. Ambos hemos cambiado mucho y nos ayudamos para que así sea. Sé que debe estar molesta porque le mentimos, pero créame que valió la pena su idiotez.

Se cruza de brazos.

—¿Podrías dejar de defenderme, Antonella?

Le lanzo un beso.

—Me da mucha alegría que ambos lo intenten y que les esté yendo de maravilla, pero eso no cambia el hecho de que hizo las cosas mal. Traicionaste a tus amigos de muchos años y al padre de Antonella, que fue un gran amigo de tu padre.

Se levanta, camina en dirección a su madre y le da un beso. Después centra su mirada en mí.

—Lo sé, pero todo hubiera sido diferente si la muy cabrona esta no me hubiera rechazado cuando le confesé que me gustaba.

¿Me llamó cabrona?

—Respétala, Damián.

¡Poom! Su madre le pega.

«Aja, eso fue por insultarme».

—¡Madre! —Acaricia su cabeza.

—No puedes expresarte así de Antonella.

Damián toma lugar a mi lado.

—Creo que de este lado me sentiré más seguro. —Suelto la carcajada—. Cielo, no te burles, mi madre pega duro. —Esperen, ¿mi diablo le teme a su madre? Esto sí es para morir de risa—. Ella me rechazó muchas veces y solo se me ocurrió esa idea. Estaba consciente de las consecuencias, pero solo me interesaba tener a esta hermosa mujer a mi lado.

¡Guau, qué bello!

—Hijo, gracias a Dios las cosas han mejorado, pero ¿y si no fuese a así?

Él me contempla.

—Terminaría cayendo rendida a mis pies.

¿Y este qué se cree? ¿Que está muy guapo? En realidad, sí.

—Presumido. —Lo golpeo con mi hombro.

Levanto mi mirada y veo a Dani sonreír grande.

—Buenas, buenas, familia bella —saluda ella.

Damián se levanta para reclamarle dónde estaba, aunque ya lo sabemos.

—Te lo preguntaré una sola vez: ¿con quién estabas?

Mi cuñada entorna la mirada.

—¿Quieres saber de verdad? —Él asiente sin cambiar su expresión—. Bien, estaba teniendo sexo con Alan, y, ¡guau!, ese condenado si sabe cómo hacerle gritar. Me puso en todas las poses. En estos momentos no sé cómo camino.

Damiana niega y cubre su rostro. Yo solo contengo la risa, más por el rostro que tiene Damián en este instante. Es una mezcla de furia con desconcierto por semejante confesión de Dani. Ella sabe que estos temas lo harán enfurecer. Le encanta mirar a su hermano atacado.

—¡Daniela!

Ella se sobresalta y pasa por su lado.

—No, hermanito, controla tu posesividad, estoy grandecita ya. Además, ¿qué cuidas? Ya desde hace mucho que este cuerpecito ha pasado por otras manos.

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