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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 33

Antonella

Me levanto de golpe cuando el sonido de la alarma me despierta. Aún toda dormida, lo tomo y lo estampo contra la pared. Eso me lo enseñó Damián. Con todo el pesar del mundo, me pongo de pie, camino al baño y hago mis necesidades; me cepillo y entro en la ducha. Al terminar, salgo y observo a mi infierno, que todavía yace dormido. ¡Cada vez está más flojo! ¡Ya ni quiere trabajar!

Entro al vestidor y elijo un jean azul y una franela. Busco zapatos deportivos y, por último, un bolso pequeño, donde solo guardo cuando mucho mi celular. Salgo y comienzo a peinar mi larga cabellera. Cuando estoy lista, me paro a un lado de mi infierno para despertarlo.

—Amor —Intento despertarlo—. Amor, despierta. —No me hace caso, así que alzo la voz hasta que logro hacerlo despertar.

—¡Cielo, eres tan molesta! —Le hago caras triste, Damián se acerca a mi lado y me da un beso en la frente—. Lo siento, mi amor.

Agarro mi bolso, camino a la salida y abro la puerta, pero antes de salir me detengo a verlo.

—Me encanta cuando me pides perdón. —Sonrío y la cierro de inmediato al ver que corre en mi dirección.

—¡Jodida mujer, ven acá!

Corro deprisa, pero él es más veloz que yo y me atrapa.

—Damián, suéltame. —No paro de reír. Me está haciendo cosquillas.

—¿Te gusta verme furioso?

Asiento y le robo un beso, de esos que me dejan sin aliento.

—Me tengo que ir, infierno.

Permanecemos tirados en el suelo.

—¿No me esperarás?

Niego y me pongo en pie.

—No llevo prisa .Me encontraré con las chicas.

Frunce su ceño.

—¿Segura?

Me cruzo de brazos.

—¿Crees que miento?

Me imita.

—Tú nunca sales temprano. Qué casualidad que hoy lo hagas.

Esto es increíble.

—No comencemos de nuevo. Ya para. —Lo señalo.

—Sí, sí comenzamos, porque me parece extraño que quieras irte tan temprano, Antonella. ¿A dónde irás?

Respiro profundo.

—Solo me encontraré con mis amiga, Damián, tenemos tareas que hacer.

Me acorrala contra la pared.

—Si me llego a enterar que no es eso, Antonella, no respondo d…

—¡¿De qué?! —Lo empujo con fuerza—. ¡Ya deja de ser posesivo, Damián!

Me mira furioso.

—¡¿Por qué me mientes?! —Se vuelve histérico—. ¡Te conozco, Antonella, y sé cuándo me estás mintiendo! —Su rostro está rojo—. ¿Te verás con otro?

Ay, no puede ser.

¿De verdad piensa eso? ¿Anoche hicimos el amor incontables veces y hoy amanece con la idea de que veré a otro? Díganme si no provoca pegarle, aun cuando luce sexi así enojado.

«Este hombre me volverá loca».

—Contrólate, deja de gritar, baja la voz.

Vuelve a acorralarme.

—Tu teléfono. —¿Teléfono?—. Dame tu teléfono. —Su tono es amenazante.

¿Cree que va a intimidarme?

—¡Que te jodan, Damián! —Vuelvo a empujarlo, pero no se mueve ni un centímetro—. ¡No voy a darte un carajo!

Me arranca el boso y comienza a revisar.

—¿Qué es esto? —Maldición—. ¡¿Qué haces con esta ropa aquí?!

Lo que faltaba, ha visto la ropa con la que practicaré el puto baile exótico que, por cierto, planeo bailarle a él.

—Dame acá. —Se lo arranco de las manos—. No te voy a dar ninguna explicación.

Me sujeta del brazo.

—¡¿A qué estás jugando?!

Quiero decirle la verdad, pero si lo hago arruinaría la sorpresa.

«Damián, ¿por qué me lo complicas?

—¡Dime!

Daniela sale ya cansada de sus gritos.

—¡¿Qué mierda te pasa, Damián?! ¡¿Amaneciste con el Lancaster atravesado?! —Se ubica en medio de los dos—. Es tu casa, pero no tienes por qué armar un escándalo.

—No te metas, Daniela, esto es un problema entre mi mujer y yo.

Dani comienza a burlarse cuando me ve la ropa en la mano.

—¿Todo el drama es por eso? —Me lo quita—. Qué imbécil, hermanito. Se lo entregué a Nella anoche para que se lo llevara a su amiga Amelia. Ayer lo mandaron a comprar conmigo debido a que yo sé más de ropa exóticas que ellas. Deja tus celos posesivos.

Damián se queda pasmado y a mí me provoca arrancarle la cabeza.

—¿No es tuyo?

Oh, bajó la guardia el amigo.

—No, no es mío, imbécil. —Me toca a mí, y claro que es mío.

—Cie…

—Cielo nada, Damián. Vete a la mierda.

Dani me entrega mi ropa y mi pobre hombre me mira arrepentido. Qué cruel soy.

—Cielito…

Alzo mi mano para que calle.

—Tendrás que esforzarte para ablandar mi corazón. Te recomiendo que pienses rápido, o de lo contrario dormirás hoy en la otra habitación.

Abre los ojos con sorpresa.

Obvio no lo dejaré dormir solito.

—M…

—Debo irme. No me digas nada, estoy furiosa, Damián.

Me giro para ver a mi cuñada, que se contiene de no reír. Le guiño un ojo y bajo la escaleras corriendo. Creo que siento remordimiento de consciencia, pero todo sea por su cumpleaños.

Al salir de la universidad, nos disponemos a ir al apartamento de Dani que compró recientemente y que está remodelando. Mis practicas será allá. ¿Les confieso algo? ¡Estoy emocionada! Ya quiero que llegue el cumpleaños de mi esposo, aunque, si soy sincera, muero de nervios. Ya conocemos el temperamento de Damián, así que no quiero que se enoje, aunque si se enoja será peor para él.

Luego de haberme cambiado de ropa, me contemplo en el espejo. Honestamente doy vergüenza, estoy muy delgada y ya casi que en completo hueso.

Salgo de la habitación y me encuentro con ellas afuera. Dani me mira sorprendida y se acerca hasta mí.

—Dios, niña, ¿dónde tienes tú la carne? —Amelia y Dalia se carcajean—. ¿Acaso no estás comiendo bien?

Entorno los ojos.

—Olvídalo, siempre ha sido así, toda huesuda —comenta Amelia.

—Más bien esta gorda, antes era peor.

Me cruzo de brazos al escuchar a Dalia decir eso.

—Vale, estoy aquí, por si no se han dado cuenta —digo molesta.

—¿Estás segura de que quieres bailar? —Asiento—. Bien, porque no quiere que dejes ningún hueso pegado al tubo —expresa Dani.

¿Tan mal estoy?

—Te compraré tres hamburguesas. —Me propone Dalia.

Sonrío alegre.

—Todas las que quieras.

Sueltan la carcajada.

—Creo que ni que le des diez engordará. —Daniela camina hasta el centro—. Bien, huesos, ven acá.

La gente no tiene respeto.

—¡Oye! —La golpeo—.No me digas así, Dani.

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