Damián
Mi esposa no debe tardar en llegar. Viene hoy a la empresa a ver los planos y la maquetación de su empresa. Así es, decidí darle como obsequio a mi esposa una futura empresa, ¿Quién le regala una empresa a su esposa? Solo yo. Creo que ella será quien haga brillar esa empresa nueva. Antonella es una mujer inteligente y muy creativa. Tengo la seguridad de que es la indicada para gobernarla. Mi hermana se ocupara de adiestrarla para su futuro cargo como la directora de la compañía.
Confieso, que jamás había hecho esto, pero tengo que aceptar que ella, mi pequeño cielo, se lo merece. Ha sido una extraordinaria mujer que me ha enseñado a ver las cosas de otro modo. He mejorado en tan poco tiempo y, lo más importante, ha tocado mi corazón. Esperé por ella más de cuatro años. La deseé como a ninguna otra mujer y ahora la tengo para mí, solo mía.
La opresión en mi pecho cada vez se hace más fuerte, es como si quisiera gritarle al mundo y a ella lo que siento, pero no lo hago. Siempre me detengo, y no sé por qué. Quizás sea miedo.
¿Desde cuándo siento miedo? Hasta eso es extraño para mí.
Levanto mi vista cuando veo que la puerta se abre de golpe, dejándome contemplar a la mujer más hermosa de este planeta, esa que tiene acelerado mi ritmo cardíaco.
—¡Infierno mío! —Abre sus brazos, y yo me levanto para recibirla como se merece.
—Hola, mi hermosa princesa.
—No pude resistirme, así que vine a mirar los planos del nuevo proyecto. Estoy tan emocionada. Supe que Dani, mi suegra y Alan estarán incluidos, eso me emociona tanto. —Verla así de feliz no tiene precio.
—Debía escoger a los mejores para este proyecto, y que mejor que ellos.
—Vayamos ya mismo, estoy ansiosa.
Salimos de mi oficina y pasamos entre la gente. Miro de reojo para ver quién observa a mi cielo. La mayoría de los hombres bajan su mirada, pero hay otros que no disimulan. ¡Muchas cabezas rodarán! Entramos al ascensor y nos dirigimos a donde Fernando. Cuando llegamos, abro la puerta de golpe, haciendo que el viejo se sobresalte.
—Qué maleducado eres, Damián, aprende a tocar —me reprende mi cielo en voz baja.
¿Con qué moral? Ella entró en mi oficina así.
—Soy el dueño, entro como quiera.
Me da un leve codazo.
—¿Cómo estás, Fernando? —Le tiende la mano, y yo corto el saludo.
—Mi esposa quiere ver los planos y la nueva maquetación.
Mi cielo me asesina con la mirada.
—Con mucho gusto. Ya vuelvo.
Siento un golpe.
—¿Cómo puedes ser tan celoso y cómo pudiste tratarlo así? Eres de lo peor.
Ni mi madre me regañaba tanto.
—No me gusta que la gente te esté tocando.
Vira la mirada.
—Deja los celos. Es un señor, podría ser hasta mi padre.
Sí, claro. Se han visto casos.
—No me importa. Ya te dije que nadie puede tocarte ni mirarte, excepto yo.
Se cruza de brazos.
—Bien, señora, aquí está.
Sus ojos se iluminan al ver la maqueta.
—Es hermosa, señor Fernando. —Coloca la mano en su pecho.
—Será una empresa muy grande. —Mira con admiración la obra.
—Tu trabajo es muy impresionante, Fernando.

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