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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 37

Damián

—¿Se puede saber qué piensas? —Inquiero al verla tan pensativa.

Ella voltea verme a muerde su labio.

—No sé cómo preguntarte.

—Sabes que puedes preguntarme lo que quieras, Antonella, yo siempre te responderé con la verdad.

No sé qué le preocupa.

—¿Por qué yo? —frunzo mi ceño por no comprenderla, de hecho casi nunca logro comprender sus interrogantes repentinas.

—No te entiendo, cielo.

Ella se acomoda mejor.

—Me refiero a porqué casarte conmigo cuando tienes detrás de ti mujeres hermosas y con fascinaste cuerpos. Yo ni les llego a los talones.

Me siento y le pido que suba sobre mis piernas de frente a mí.

—Muy fácil, porque solo tú causaste un gran efecto que ellas no.

Respondo, ella parece no complacida. Quizás resumí mucho y esperaba algo más detallado, preciso.

—Debe haber algo más.

Asiento.

—No sé cómo expresarlo. —Subo el tirante de au camisa—. Primero, es cierto que no le llegas ni a los talones a esas hermosas mujeres —ella abre sus ojos, creo que no me estoy explicando bien—, te explico, no les llegas porque tú simplemente eres única entre ellas. Ellas son las que no te llegan a ti, cielo. —De seguro por un instante la hice sentir inferior a ellas—.Es cierto que yo era antes exigente con las mujeres en cuanto a su físico, su apariencia, pero ninguna era lo suficientemente capaz de hacerme sentir completo. Eres una mujer que jamás aparenta ser otra. Tú eres quién eres donde te pares. Eres de las que deja huellas para siempre. Tu sentido del humor es único, tanto que mi vida dejó de ser aburrida. Hasta cuando te enojas eres divertida. Cuando hacemos lo que tú llamas el amor, eres divertida. —espero no crea que la estoy llamando payasa, no soy explicando estas cosas—. Tu alegría se la contagias al que te rodee. Tú eres como un cielo estrellado, el cual todo el mundo quiere ver y admirar por lo hermoso que es. No tienes que envidiar nada de esas mujeres, porque eres perfecta. Para mí eres única en un millón. Así tal cual y como eres me encantas, loca, alegre, espontánea, malditamente bipolar, toda esquelética, enana, innovadora y muchas cosas más. Tú, Antonella, eres la mujer que completa mi vida.

Ella me contempla con ternura.

—¿Eso piensas de mí?

Llora.

—Es una pequeña parte, mi cielo, las demás te las iré diciendo en el transcurso de nuestras vidas. —Limpio sus lágrimas.

—¿Me quieres hacer llorar?

Me burlo de ella.

—¿Y es lo que lo haces? —Ella se ríe también.

—Damián —la observo con fascinacion—, ¿por qué ser un hombre malo cuando no es cierto? ¿Por qué te escondes detrás de esa armadura negra?

Peino con mis manos su alborotado cabello.

—Cielo, vivimos en un mundo donde el más frágil es el que más tiene las de perder que las de ganar. La muerte de mi padre me enseñó a ser así: nunca confiar en nadie, ser un infeliz con todo el mundo y darme a respetar. Mi único defecto es no ser un buen tipo con las mujeres. Sabes que no me gusta para nada esas cosas raras de dar detalles o ser tierno. Eso no va conmigo. Mejor dicho, no iba conmigo porque ya tú te encargaste de sacar ese lado que hasta yo desconocía. Te juro que por un momento pensé que estaba enfermando. —No puedo creer que diga que se estaba enfermando solo por ser más detallista conmigo.

Ese infierno es un caso perdido.

—Las personas que vivimos en el mundo de los negocios nos volvemos así, duros, cabrones, una montaña, que nadie puede derrumbar, y no porque queramos, sino porque, como sabrás, siempre existe un ambicioso que es capaz de hacer cualquier cosa para quitarte del medio. Cuando demuestras que no eres fácil de vencer, que eres un infeliz, como ellos, te ganas su respeto y tienes más oportunidad de surgir, pero si eres muy frágil ten por seguro que te acabarán en un abrir y cerrar de ojos. —Ella permanece atenta a lo que digo—. Los años pasan y pasan y asumes esa vida sin darte cuenta, tanto así que tratas a todos como si fuesen tus enemigos, y es algo que ya después no puedes evitar. Por eso soy como soy con mis empleados, porque no quiero que abusen de mi confianza y crean después que tienen el cielo ganado.

— Jamás lo vi desde ese punto de vista. Ahora lo entiendo a la perfección. Pero eso te creó fuertes enemigos, Damián.

—Sí, es verdad. Todo en la vida tiene sus ventajas y desventajas. Mi precio por ser como soy y estar donde estoy es tener la muerte rondándome. Muchos están dispuestos a pagar lo que sea para tenerme bajo tierra, y los entiendo, soy una piedra en el talón y la peor pesadilla de cualquiera. Siempre estoy un paso adelante. Robo cualquier negocio que quiera sin importarme qué tanto significaba para otro. Lo que quiero lo cojo y punto. No medo las consecuencias de ser así y ahora me toca lidiar con ello.

Y pensar que hay alguien detrás de mi que quiere hacerme daño. Lo que sucedió en Hawái no fue una coincidencia, alguien planeo todo para lastimar a mi esposa y a mí.

—Damián…

—Nada malo me pasará, cielo. —Sujeto sus manos—. Tengo un motivo importante por el cual vivir.

—¿Cuál es ese motivo?

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