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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 38

Antonella

Oh, por Dios, no lo puedo creer, ya es el cumpleaños de mi infierno, y ando como loca. Tengo tanto que hacer y no logro controlar mis emociones .Estoy nerviosa, muy nerviosa, y mis manos ya comienzan a sudar. Veo a mis amigas tan tranquilas organizando la casa. Mi cuñada, relajada y coqueteando con Alan por teléfono cuando hay cosas por terminar, mi suegra y mi madre están metidas en la cocina preparando la comida junto con las del personal de la casa, y yo estoy que me arranco los cabellos. No sé si les ha pasado que quieren hacer algo y su cuerpo no se los permite. Bueno, a mí me pasa hoy.

En el hotel ya dejé todo preparado. Aunque ellos arreglen todo, fui a verificar que quedara como yo quería.

El cumpleaños de mi infierno tiene que ser una bomba que recuerde toda su amargada vida. En especial cuando llegue la hora de estar a solas. Voy a sorprenderlo con mi baile erótico y mi vestimenta.

—Si sigues ahí de pie, jamás terminaremos, princesa. —Daniela pasa por mi lado.

En esta familia como que nunca falta el descaro.

—Vaya, pero mira quién lo dice —contraataco.

—Es tu macho, no el mío, así que ponte en marcha.

De acuerdo, ya voy.

—Dani tiene razón. Deja los nervios, amiga, que ya verás que todo saldrá excelente.

Me anima Amelia mientras miro los globos que colocar las decoradoras de fiesta.

—¿De verdad esto era necesario? —Observo la decoración.

—Es una fiesta, sin globos nos es fiesta. —Amelia tiene razón

—Yo pedí ya las estríperes.—Asesino con la mirada a Dalia—. Era broma, amiga. ¡Vaya! Qué malhumorada eres, ya te pareces a él.

¿Será cierto?

—Estoy nerviosa.

Amelia me mira desde las escaleras.

—¿Por la fiesta, o por el baile exótico?

—Pobre de mi hermano, no saba lo que le espera esta noches después de la fiesta. —Daniela me hace rodar la mirada con su comentario.

—Chicas —nos giramos hacia Amelia—, ¡lluvia de condones para todas! —Lanza al aire una cantidad de condones.

¡No puedo con ellas!

—Yo sí voy a necesitar muchos. Alan es muy goloso.

A veces admiro la espontaneidad con la que hablan ellas.

—Bien, ya dejen el desorden. Eso me pone más nerviosa. —Empiezo a recoger los condones, camino hasta su despacho y los dejo en una gaveta.

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