Damián
Hoy recibí el mi cumpleaños de la mejor manera, teniendo en mi cama mi desayuno preparado por mi hermosa mujer. Jamás ninguna otra se había tomado la molestia de sorprender en mi cumpleaños como ella lo hizo esta mañana. Me pareció tan dulce de su parte. Hasta el más mínimo detalle que provenga de ella se vuelve importante para mí.
Desafortunadamente me tocó venir a la compañía y pasar el día aquí, no podía evitarlo debido a que tengo negocios en mente que deseo aprovechar. Pensé que a mi esposa eso le molestaría, pero me sorprendió cuando Nella me dijo que no había problema y que ella esperaría por mí.
—Escucha, Damián, tengo una propuesta para el señor Evans, tengo entendido que su compañía está en banca rota, por lo que pretende cerrarla para siempre, el problema es que no podría permitirlo porque por más que esté en banca rota, es una compañía que nos podría beneficiar más adelante cuando se recupere. Así que quiero proponerle que tanto tu como yo paguemos todas la deudas, a cambio de convertirnos en socios mayoritarios, puedo ser quien la dirige mientras tú te ocupas de esta, ¿Qué te parece? —La idea de Trino no está mal, el asunto es que la deuda es muy alta, y no me gustaría arriesgarme tanto.
—No lo sé, es algo que debo primero pensar. Estamos hablando de una compañía en banca rota con las altas probabilidades de no darnos frutos a futuros. Tengo estudiarla mejor y ver qué tan prometedora puede ser. Ya he invertido demasiado dinero en otras, debo tomar un respiro recuperar mis inversiones para continuar invirtiendo en otras.
—Vamos, amigo, es una gran oportunidad, además, los dos vamos a financiar su recuperación. —Sigue sin convencerme.
—Dame esta semana para pensarlo y estudiar mejor la propuesta. —Trino suspira algo molesto.
—Como digas. —Se aleja de mí.
No sé porque se molesta, sabe que me gusta primero analizar donde me voy a involucrar.
Olvido esta conversación y me dispongo a entrar a la oficina, mi sorpresa, es encontrar dentro a Fabiana desnuda, y sobre mi escritorio. Es una vieja amante de Nueva York.
—Vine a darte tu regalo, tigre.
Respiro profundo y recojo su ropa.
—Vístete —se la lanzo— y lárgate de aquí.
Abre sus ojos para luego entrecerrarlos.
—¿Disculpa? —Se baja furiosa.
—Como escuchaste, Fabiana. Lárgate de aquí.
Comienzo a organizar mis cosas para irme a casa.
—¡¿Qué te pasa?! —chilla—. ¡Te pierdes por meses, semanas y días!¡Vengo en tu cumpleaños y me rechazas! ¡¿Se puede saber qué te pasa?!
«Contrólate, Damián. Recuerda, es una mujer».
—Simplemente no quiero verte. Ahora lárgate —le señalo la puerta.
—Tigrecito, vamos, sabes que me extrañabas. —Intenta acercarse, pero la alejo.
—¡No, no te extrañaba!¡Ahora vete!
Me fulmina con la mirada.
—¿Por qué estás así conmigo? —Empieza a vestirse.
—Que no me interesas. —Tenía que ser directo.
—¡¿Y desde cuándo dejé de interesarte?!
«Desde que rompí el corazón de mi princesa».
—¡Ya vete!
Se me abalanza encima.
—Vamos, sabes que aún me deseas.
La alejo
—¡No, no te deseo, y ya lárgate! Estoy casado y no pienso arruinar mi matrimonio por una simple aventura.
Su mano impacta en mi mejilla.
—¡¿Aventura?! —Desprende fuego—. ¿Ahora resulta que soy una aventura?
—Siempre lo has sido. Solo estuve contigo porque me ofrecías buen sexo, y créeme, ya no tengo interés..
Comienza llorar.
—¿Qué crees que dirá tu mujercita si se entera de lo que tuvimos tú y yo?
La tomo del brazo.
—No dirá nada porque ya ella lo sabe y me perdonó mis idioteces. Ella jamás se mereció mi traición y nunca le volveré a fallar. Es a la única que quiero en mi vida, en mi cama y en mi corazón. No voy a acabar mi relación, Fabiana. No voy a hacerle eso de nuevo. Maduré y aprendí mi lección.
Me mira con rencor.
—¡Te odio! Veremos cuánto dura ese estúpido matrimonio.
La sujeto fuerte del brazo
—Donde tú te le acerques a mi mujer y le toques así sea un solo cabello te voy a hacer pagar bien caro. —No dejaré que lastime a mi cielo.
—¿Lastimarás a una mujer, Damián? —se burla.
Ella me conoce bien y sabe que no me gustan los maltratos físicos y verbales hacia las mujeres, pero si trata de hacerle daño a mi cielo buscaré la manera correcta de hacerla pagar sin yo tocarla.
—Solo aléjate de nuestras vidas. —La libero de mala gana.
—No puedo creer que te hayas enamorado de esa niña. —Su voz se quiebra.
—Ya vete.
Agarra su bolso y sale de mi oficina.
Me dejo caer en mi asiento. Otra amenaza más para nosotros. No sé dónde carajos tenía yo la cabeza cuando decidí meterme con ella.
«Eres bruto, Damián».
—¿Se puede saber por qué golpeas la mesa? ¿acaso esa mujer que salió…?—Trino entra con una botella. Por un momento pensé que se había ido molesto conmigo.
Santo dios, mi amigo es como mi cielo, bipolar.
—Si, es ella..

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Clases de amor, para el diablo