Damián
Todo mi cuerpo está sudado y siento cómo tiembla. Antonella y yo hemos sobrepasados nuestros limites esta noche.
Ya he perdido la noción, no sé qué hora es. Siento que la noche ha pasado lenta. Llevamos horas y horas entregándonos. Ella aún lleva puesta su tanga, botas y mallas. Ha sido excitante haberla hecho mía mientras vestía así. Mi cumpleaños ha sido maravilloso, y todo porque ella ha podido hacerlo posible.
Se levanta y se tambalea un poco, pero, como es de esperar, recupera su compostura. Sube su pie y lo ubica en la punta de la silla. Capto su mensaje, así que bajo la cremallera de la bota y se la quita. Lo mismo hago con su otro pie. Cuando ya no las tiene, bajo su mini tanga con todo y mallas.
—¿Quieres un baño relajante en la tina llena de mucha espuma y conmigo dentro?
Beso su pierna, me pongo de pie y la alzo.
—Contigo quiero todo, mi cielo.
Me observa feliz.
Camino con ella sobre mis brazos hasta el cuarto de baño. Entro en la tina y la bajo. Ambos nos acomodamos como siempre cuando tomamos el baño juntos. La cálida agua no hace suspirar a los dos, es la primera vez que me encuentro tan agotado después de una intensa noche de sexo. Mi cuerpo me duele, si los planes de ella era dejarme exhausto lo logró de una forma increíble.
—Debo decirte que eres única, y que todo esto te quedó de maravilla. Mejor dicho, te quedó fabuloso. No tengo palabras para describir lo complacido que estoy, cielo mío. —Me mira atenta—. Si regresara al pasado, no cambiaría nada, excepto una cosa —traga grueso—: haberte fallado. Jamás me perdonaré haberte sido infiel. No lo merecías. Debí entender que jamás me ibas a permitir estar a tu lado si no encontraba la forma de mejorar mi actitud. No entendía en ese momento que no era sexo lo que única a una pareja, sino el sentimiento que se forja dentro del corazón.
¿Estoy llorando? Lo que faltaba, que ella me viera así, en estas condiciones.
—Infierno —limpia mis lágrimas—, olvida ese mal momento, porque te recuerdo que yo fui una tonta al inicio. Me negaba a aceptarte. Quizá suene loco o estúpido, pero yo sí no cambiaría nada, ni siquiera eso, ya que aprendí que uno debe dar lo mejor para recibir lo mejor. Yo fui dura, terca, intensa, caprichosa, y lo más cansón del mundo. Tú solo querías demostrar tu interés en mí, pero yo me rehusaba a verlo. Te complicaba el camino en vez de ayudarte.
Ahora es ella quien llora.
—Te rehusabas porque te obligué a ser mi esposa —objeto.

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