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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 50

Damián

Ya casi es la hora de salida. Dani se fue luego de que yo le contara lo que ocurría. Mi cielo debe estar en casa ya, esperándome para irnos. Dani se encargó de que me dejen la habitación lista para cuando lleguemos, así Antonella de una vez verá su sorpresa. No puedo creer que yo, Damián Lancaster, haya recurrido a mi hermana para que diera las ideas. Soy un desastre. Decepciono a mi esposa al no haber sido yo quien tuviera ideas propias para sorprenderla.

Termino de apagar mi portátil y de tomar las cosas que me voy a llevar, cuando de repente la puerta se abre, dejando a la vista a mi hermosa Antonella. Seguro está impaciente porque no fui temprano a casa.

—¿Por qué has tardado tanto? —Coloca las manos en su cintura.

—Nella, aún no es la hora de salida.

La invito a tomar asiento, pero, como siempre, se niega.

—Igual. —Camina hasta mi escritorio.

—¿Ya tienes todo listo para el viaje?

Asiente feliz de saber que nos tomaremos unos días.

—Sí, solo falta el que pagará todo.

Condenada descarada, será muy ruina.

—Tú tienes tu propia tarjeta, puedes cubrir tus gastos.

Corre a abrazarme.

—Tú me estás invitando a salir, así que tú tienes que pagar. —Deja un beso en mi mejilla—. Te extrañé. —Roza mi cuello con su nariz.

—Y yo a ti, mi cielo. —Acerco su cuerpo más al mío.

—¿Qué tienes? —Me alejo un poco para verla—. Estás raro. Algo te incomoda, infierno.

¿Tanto se me nota la molestia?

—No es nada, princesa. Ya vámonos. —No se mueve de su lugar—.Nella, por favor. —Niega con sus brazos cruzados—. Está bien —digo resignado—. Alguien está robando dinero de la empresa.

Sus ojos poco a poco se abren hasta ya no poder más. Golpea el suelo con su pies y maldice repetidas veces.

—¡¿Quién está robando mi dinero?!

¿Cómo? ¿Su dinero? Ahora sí me acabé. Antonella jamás dejará de apoderarse de mis cosas. Esta pequeña mujercita me ha salido cara. ¡Me siento estafado!¡Ella me ha expropiado de todo! Debería reconsiderar la idea de divorciarme y enviarse de nuevo a sus padres.

—Es mi dinero, Antonella, y sí, sí me están robando.

Me golpea.

—Mi dinero también. Recuerda que yo aquí tengo poder, y casi de tu mismo nivel, así que quiero saber quién es el infeliz que me está robando. Le voy a arrancar la cabeza. A mí nadie me va a robar en mi propia empresa.

No digo nada, solo veo a mi cielo enojada y pelear por mi empresa, que ya es de ella. Me siento orgulloso de verla así, peleando por lo mío, bueno, y por lo de ella.

Esta mujer me salió bien loca.

— No te preocupes, encontraré al que está robando nuestra empresa.

Remarqué «nuestra» para que sepa que también es mía.

—Está bien, confío en ti. Cuando lo encuentres, me avisas para sacarle los ojos y cortarle los dedos.

Sale de la oficina, y yo quedo negando con mi cabeza por sus ocurrencias.

Salimos de la empresa y subimos al auto ya listos para irnos estos días de vacaciones. Mi hermosa esposa no se espera la sorpresa que le tengo preparada. Será la mejor de sus noches, yo mismo me encargaré de que así sea.

—¿A dónde vamos? —pregunta sentada en mis piernas.

Hay más espacio en el asiento, pero ella aun así prefiere estar encima de mí. Me fascina.

—Lo sabrás cuando lleguemos. Se paciente. —No es que logre calmarla con eso, apuesto a que pasara las horas inquiriendo a donde vamos.

Ya estamos en el hotel. Mi cielo no ha dejado de admirar Las Vegas. Sabía que le gustaría. Desde que aterrizamos no ha parado de decir que quiere ir a un casino, pero no, de lo contrario ahí sí que me arruinaría. Jamás me han gustado los juegos de azar. Es una maldita adicción que ha dejado en quiebra a muchos. Sabiendo cómo es ella, menos la dejaré.

Cuando algo le gusta, no para. Entonces no, no la dejaré jugar.

—Me vas a llevar a un casino y punto, Damián.

Entramos al ascensor luego de que me entregaran la llave de la suite más cara y lujosa del hotel.

—No. —Soy firme en mi decisión.

—Sí.

Al parecer, ella también, pero ¿saben qué? El del dinero soy yo, así que no.

—Dije que no.

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