Damián
—¡Franco! —Despierto gritando el nombre de Franco tras traer de recuerdo ese último momento del accidente, miro a mi alrededor y me encuentro con mi hermana y mi madre quienes se me abalanzan encima al ver que he despertado.
—Damián, hijo, gracias a dios despertaste.
—Dani… ¿estás bien? —pregunto al ver que tiene rosetones en su rostro y una mano vendada.
—Si, no me paso nada malo, puedes quedarte tranquilo. —Miró mi mano y quito de ella la vía intravenosa para levantarme e ir a buscar a Antonella.
—Damián, ¿Qué crees que haces? —inquiere mi madre.
—Voy a buscar a mi esposa, ella… dime que está bien, madre. —Asiente confirmándome el estado de salud de mi esposa.
—Está fuera de peligro, puedes estar tranquilo. —Niego a lo que me pide mi hermana. Yo necesito ir a verla y saber que en realidad está bien.
Ellas podrían estar mintiéndome para que yo me quede tranquilo.
—No intenten detenerme, voy a ir a verla. —Me bajo de la cama y mi madre y mi hermana intentan detenerme, en ese momento entra Renzo a la habitación complicándome más la idea de ir a verla.
—¿A dónde crees que vas?. Apenas acabas de despertar, Damián.
—Quiero… ¡quiero ver a mi esposa ahora, déjenme salir! —entro en pánico, ver que intentan detenerme me hace pensar todo lo contrario a lo que me han dicho.
—Damián, basta, aun estás muy delicado, ella está a salvo…
—¡Yo quiero verla, entienda que yo quiero estar al lado de mi mujer! —Renzo niega. Juro que voy a golpearlo si continúa negándome la oportunidad de verla. —Renzo… déjame salir.
—Por favor, Damián, mira, tu herida está sangrando, quédate tranquilo y vuelve a la cama. Si ella te ve así la vas… —Miro la sangre y tomo asiento al darme cuenta de que tengo una herida.
—Dani, ve a buscar al doctor para que chequee a Damián, por favor. —Le pidió Renzo a mi hermana.
—Yo no quiero un médico, yo quiero a mi esposa, Renzo, quiero estar con mi esposa y mirar que en realidad está bien. —Siento una fuerte opresión en el pecho que me causan los mismo nervios y la desesperación de ver a mi esposa y saber que se encuentra en perfectas condiciones.
Tengo tanto miedo, ella estaba grave, muy mal, y luego vino el accidente y no supe más. Es obvio que pierda la cabeza y desee verla por mi propia cuenta, y me enfada que todos aquí no me quiera permitir hacerlo.
—Deja que el doctor te chequee, luego pediremos su permiso e iremos a verla.
—No necesito el permiso de ninguna imbécil para ver cómo está mi mujer. —Coloco mi mano sobre la tela que cubre mi herida al sentir un fuerte dolor.
—Ya basta, Damián, estás perdiendo mucha sangre de nuevo. Te juramos que ella está bien, recuperándose. —Mi madre sostiene mi rostro y me mira con sus ojos sollozos. Quiero creerles, pero tengo tanto pánico de que solo me digan esto para que me quede tranquilo y no me vuelva loco.
—Tráiganla conmigo. Quiero que estemos en la misma habitación.

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