Damián
—¿Franco, Xandro, cómo están?
—Muy bien, Franco está recuperándose rápido, y Xandro por su lado está en perfectas condiciones. —Me informa Renzo.
—¿Han averiguado de lo que sucedió en mí casa? —Inquiero aprovechando la oportunidad de que a Antonella se la han llevado para hacerle otros exámenes.
No había querido tocar frente a ella este tema de la explosión en mi casa.
—Fuga de gas en la cocina. —Arrugo mi entrecejo a lo que me indica Renzo. Veo muy imposible que en mi casa hubiera fuga de gas cuando soy meticuloso con mi hogar.
—De ser así, ¿cómo fue posible?, algo debió ocasionar la fuga, o alguien. —Estoy en este momento donde comienzo a sospechar sobre cualquier cosa.
No me resultaría extraño que lo que sucedió fuera planeado por alguien.
—Bueno, hasta el momento no han encontrado nada más que una fuga. —Me informa Trino.
—¿Cómo quedó mi casa? —Renzo y Trino se miran.
—Echa un asco, por el momento deberás vivir en otro lado. Aun conservas tu pent-house —Miro a Trino de malhumor.
—No voy a llevar a mi esposa para allá. ¿Sabes cuantas mujeres metí ahí? ¿y de cuantas ropas intimas han de haber allí?. Si no me mató la explosión lo hará ella cuando mire ere lugar. —Se burlan ambos de mí.
—Ay Damián, eres terrible. Podemos pedir que lo limpien y saquen todo de allí, incluyendo la cama si eso quieres. —Me propone Trino. No creo que a mi esposa le agrade la idea.
—Ya lo pensaré. Trino, por favor encárgate de que remodelen mi casa. Renzo… se que lo que sucedió allí no fue un accidente, alguien ocasionó ese desastre y quiero que me ayudes a averiguar más, tienes buenos amigos que pueden ayudar.
—Damián, sé que estás paranoico, pero lo que sucedió en la casa solo fue un accidente, nadie podría penetrar la seguridad de la mansión. Es imposible. —Me dice Trino.
—Es cierto, aunque puede que alguien dentro te traicionara. —La opinión de Trino es válida, penetrar la seguridad de mi hogar es imposible, pero también Renzo da un punto valido, pudo alguien dentro de mi territorio traicionarme.
Siento que este asunto es muy complicado de resolver, la persona que juega conmigo sabe cómo hacerlo, conoce los detalles más mínimos de mi vida y de mi rutina, incluso conoce mi manera de pensar, de cómo podría afrontar un problema, por lo que mueve sus piezas en silencio y de manera que yo no pueda intervenirlas.
Quien esté detrás de todo esto es muy inteligente y audaz.
—Por ahora ayúdenme ambos con lo que les pido. No sé cuántos días estaré aquí metido en este lugar tan deprimente. He pedido que nos den de alta, pero Antonella se niega a que nos vayamos sin antes estar en perfectas condiciones. No soporto estar aquí. —digo con Amargura.
—Olvidamos tu temor a las clínicas y las agujas. —Renzo se burla de mí.
—Oh, es cierto. Tanto tamaño y fuerza, para que le tema a una aguja. Que decepción deber de ser para Antonella. —Entorno la mirada.
—Idiotas. —Digo.
—En la compañía están algos preocupados por ti. —Me informa Trino.
—¿Por mí, o por mi puesto?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Clases de amor, para el diablo