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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 57

Antonella

Lo que menos me esperaba en estos momentos de mi vida, era tener que encontrarme en la habitación de una clínica, a mi esposo besándose con una mujer que fue su amante, y lo peor de todo, que la enfermera y mi madre tuvieran que también presenciarlo.

Debe tener una buena explicación para esto, porque de no tenerla haría que este matrimonio llegara hasta aquí. Una vez le dije que no iba a tolerar más infidelidades de su parte, espero que esto, y confío en que así sea, solo haya sido una broma pesada de esa mujerzuela.

—Antonella…

—¿Qué significa todo esto, Damián? —Mi madre se ocupa de inquirir, justo en el momento que aparece Daniela.

—¿Pasa algo? —ella pregunta al notar la tensión que existe en la habitación.

—De todo, tu hermano se estaba besando con una antigua amante. —Digo, quizás esté siendo dramática, porque en el fondo de mi corazón quiero creer, quiero confiar que Damián no lo pidió, y que ella se atrevió a hacerlo.

—¡¿Qué?! —Grita mi cuñada y centra su mirada en la Fabiola esa—¡Claro, yo te recuerdo, eres la bruja que fue a casa de mi hermano para reclamarle a la princesa por qué se había metido en medio de ustedes dos!. Eres demasiado sínica en venir aquí y ocasionar esta confusión. Doy por hecho que querías causar polémica y besaste a mi hermano. Él es idiota, pero jamás lo sería con mi cuñada. —Damián se acerca a donde me encuentro, incluso se arrodilla para quedar a mi altura debido a que estoy sentada en una silla de ruedas.

—Se que confías en mí, te juro que no la besé. Y no creo que deba explicarte cuando sabes que no haría nada para faltarte el respeto, mi amor. —Sostiene mis manos, admito que estoy enojada, y tengo tantos celos de que esa mujer besara a mi infierno.

—Quiero que se largue, o juro por dios que me voy a levantar de aquí y limpiare el suelo con su estúpido rostro. —Sentencio con molestia.

—Ya escuchaste a la princesa, sal ahora mismo. —Daniela está algo alterada.

—Ustedes dos no deciden que lo que yo debo hacer. Vine aquí por Damián, y no pienso irme. —Esa mujer parece negarse a lo que le pedimos, y lo peor del caso es que Damián solo se queda mirándome en vez de buscar la manera de sacarla.

—Bien, me iré yo. Para que ustedes dos tengan más privacidad. —Digo sin apartar mi vista de Damián. Quien de inmediato niega y se pone de pies.

—Fabiola, de la mejor manera te pido que salgas y no vuelvas a aparecer por aquí. —La mujer enarca su ceja.

—Todo entre nosotros dos estaba muy bien hasta que decidiste meter a esa mocosa en medio de nuestra relación y dejarme a mi tirada como un juguete que ya no servía más. Tu solo nos usaste a muchas mujeres para tus beneficios sexuales mientras a otra le entregabas tu corazón. ¿Creíste que nosotras no teníamos sentimientos? A más de unas les rompiste el corazón al punto de llevarla a la locura y a la ruina. Mereces perderlo todo, Damián, incluso a esa estúpida niña mereces perderla para que sientas lo que duele cuando te roban incluso hasta la dignidad.

—Ya largarte. —vuelve a pedirle.

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