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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 58

Damián

Ya Antonella y yo nos encontramos de alta, he comprado un nuevo pent-house y es donde viremos por el momento mientras remodelan nuestra casa.

Mi esposa ha estado indiferente conmigo después de lo que sucedió en la clínica con Fabiana, y todo empeoró cuando otras mujeres fueron a verme sin importarle la presencia de mi esposa. Intenté prevenir que ellas se acercaran a nosotros, pero su empeño en querer ver cómo me encontraba las llevó a casi todas burlar a los hombres que protegían la entrada de nuestra habitación logrando así colarse dentro y saltar sobre mí en frente de quien estuviera ahí.

Eso ha mantenido a Antonella muy desanimada, incluso me trajo de nuevo problemas con sus hermanos y padres. Ellos se niegan a creerme y dan por hecho que ellas aún continúan siendo amantes mías cuando no es así.

Supongo que mis acciones del pasado me están trayendo repercusiones en mi presente.

Antonella se quería ir con sus padres, pero le rogué que no lo hiciera y que viniera conmigo, ella y yo tenemos que hablar y solucionar nuestros problemas. Entiendo que esté molesta por lo que ha pasado, y más por lo que una de ellas comentó, pero yo no quiero perderla ni mucho menos que piense que le sigo siendo infiel. Esa parte de mi murió cuando ella decidió darme una oportunidad, y he respetado nuestro matrimonio desde ese momento y lo continuaré haciendo hasta el último día de mi vida.

Me da mucho miedo perder a mi esposa.

—¿Te gusta el lugar?. Dani se ocupó de escogerlo. —Mi cielo solo se sienta en el sofá sin siquiera mirar el espacio.

—Si, es acogedor. —Dice. Lleva días siendo fría conmigo, y no la culpo.

—Oye, cielo perdóname por hacerte pasar tantos… desagradables momentos. Te juro que voy a poner punto y final a todo.

—Bueno… la verdad se sintió humillante que mi familia y amistades tuvieran que conocer a tus amantes. Ni siquiera fue una, sino… ¿cinco? Nunca me había sentido tan estúpida como estos días. —Limpio esas lagrimas que yo mismo he ocasionado.

—No sé qué más hacer para hacerte olvidar lo que pasó, ni tampoco sé que más hacer para que ellas me dejen en paz, ya denuncie el acoso, ya les pedí de todas las maneras posibles que no se nos acerquen, he hecho lo que está a mi alcance y no puedo controlarlas. Sabes que en el fondo de tu corazón que no te soy infiel con ninguna de ellas ni con otras. Solo buscan de fastidiar, y me atrevo a decir que la persona que intenta acabar conmigo es quien las usa para acabar con mi matrimonio. Cielo, tienes que confiar en mí. —Sostengo sus manos. —Arrodillado frente a ella besos los nudillos de su mano.

—¿Sabes que lo que una de ella dijo puede ser cierto? —Niego, quieren jugar con las emociones de mi esposa.

—Nada de lo que ellas dicen es cierto, lo dicen para molestarte.

—¿Y si de verdad ese hijo al que mencionó es tuyo, Damián? —Sus manos comenzaron a temblar al momento de tocar ese tema. Se que eso es lo que más le preocupa.

—No es mío. Toda mi vida he sido un hombre precavido, siempre me he cuidado de eso, Antonella. Nunca he estado con mujeres sin usar protección. Además, esa mujer nunca ha estado embarazada.

—Conmigo no usaste la primera vez protección.

—Tu eres diferente. Fuiste la primera mujer con la que intimé sin protección.

—¿Y si te equivocas, y si es tuyo ese bebé?

—¡Que no es mío, Antonella, incluso te apuesto a que ese bebé es una farsa, solo lo inventó para torturarte la mente! ¡No es mi hijo, no tengo hijos con ninguna mujer, punto! ¡¿Por qué decírmelo ahora y no antes?! ¡Todo lo que dijo es una completa mentira y me saca de quicio que tú lo creas y dudes! —Me distancio de Antonella.

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