Antonella
—Hola, pequeño de nombre feo.
Odio se mete con el nombre de mi bebé.
—Deja a Lolo quieto, envidioso, ya quisieras tú tener un nombre tan original como el de nuestro hijo melenudo.
Comienza a burlarse de mí.
—Me gusta el mío, tranquila.
Me alegra saber que hemos podido solucionar nuestras diferencias. Ahora que estoy más calmada puedo decir con seguridad que esas mujeres fueron enviadas a causar problemas.
Claro, obvio no descarto la idea de que en realidad Damián les rompió el corazón.
A pesar de que hemos tenido unos días tranquilo, no dejo de estar inquieta. Dentro de mi crece un mal presentimiento, de que está tranquilidad solo sea una mentira para hacernos bajar la guardia.
—Oye, necesito que me prometas algo, infierno. —Juego con su corbata.
—A ver.
Respiro profundo y luego libero el aire.
—Que te cuidarás y no me dejarás viuda. Tengo un mal presentimiento.
Baja la mirada, toma una de mis manos y deja un beso en cada una.
—Jamás. Recuerda que soy muy egoísta, tanto así, que si me toca luchar con la muerte para aún permanecer junto a ti lo haré. Tú, mi Antonella, mi rayo de luz, tendrás de este lunático posesivo por mucho tiempo.
Sus palabras me permiten respirar mejor.
Él tiene que estar junto a mí. Estoy segura de que nuestro destino es estar juntos pase lo que pase.
—Y lo harás, porque tú tienes que estar para nuestros hijos, infierno, tienes que estar para nosotros. —comienzo a llorar. Cada día estoy más sensible.
—Oh, mi cielo, no llores. Claro que estaré para ustedes, mi amor, no me pasará nada, y si es así, como te dije, lucharé contra todo aquel para estar con ustedes. Cielo, te amo. Te amo tanto que no dejaré que nadie me arruine la felicidad.
Oww, mi diablo tiene más corazón que cualquier otro hombre. Aunque no lo parezca.
—Te amo, Damián.
Nuestros labios se unen y se vuelven uno solo. La danza que llevan es suave y muy apasionada. Nuestras lenguas se dan caricias y los leves mordiscos en los labios son tan solo cosquillas. En este beso nos demostramos todo nuestro amor, respeto, confianza y fidelidad.
Es curioso que al inicio de nuestra relación los dos estábamos errado, yo le entregué mi corazón a otro, mientras que él su cuerpo se lo entregaba a otras. Cuando en realidad estábamos hechos el uno para el otro y nos queríamos dar cuenta. En especial yo.
Rompemos nuestro delicioso beso gracias a mi cuñada, que entra en la habitación refunfuñando miles de cosas por vernos en esta escena tan perfecta que para ella es algo fastidioso.
—Dios, tanto dulce me causará diabetes. —Dice con sarcasmo y se sienta en la orilla de la cama—. ¿Cómo te encuentras, mi amor? —Acaricia el cabello de Damián
—Yo estoy muy bien, ustedes son las que no, y menos Nella que aún tiene un brazo fracturado y la grave herida en su abdomen.
¡¿Qué?! ¿En qué momento me fracturé un brazo?
—Damián, no exageres, solo se dislocó el hombro. No sé por qué eres tan excesivo en las cosas. Además, su herida está mejor, mucho mejor que la tuya.
Dani lo jala del cabello.

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