Damián
Y aquí me encuentro en plena cocina, oyendo las instrucciones de mi cocinera favorita. Ella hace que olvide todo lo que sucede fuera con sus ocurrencias anormales. Por un momento pareciera que el peligro no nos rodea, o que las críticas por la noticia del mi supuesto hijo no existieran. Antonella, con su sonrisa, me ayuda a despejar mi mente de lo que ocurre y se lo agradezco muchísimo. Ya deseo poder tener un vida normal con ella, donde llegue del trabajo y la encuentre esperándome, donde salgamos un sábado en la mañana y regresemos en la noche exhaustos de la diversión, donde pasemos un domingo juntos encerrados en nuestra habitación viendo películas o, mejor aún, donde pasemos un fin de semana ella y yo junto a nuestros futuros hijos.
Mi tesoro más preciado es ella, esa pequeña mujer con rostro de ángel, pero con alma de diablo, esa pequeña morena delgada de cuerpo y amplio de corazón.
Esa pequeña es mi luz y mi mundo entero.
—¡Oh, infierno! —Su grito me saca de mis pensamientos—. Quemaste mucho la azúcar.
Observo la olla negra y el humo salir de ella.
—Lo siento, cielo, no volverá a pasar. —La bajo de la estufa y busco otra—.Tú me desconcentras, cielo.
Sonríe.
—Ya, Damián, sé por dónde vienes. Ahora bien, vuelve tu atención a la comida. Recuerda, agrega un poco de aceite, espera a que esté caliente y echas azúcar, no mucha, o quedará muy dulce. La idea es balancear el dulce con lo salado. Queremos un toque de sabor acaramelado. No exageres, Damián.
Asiento a su pedido.
Sigo todas sus locas indicaciones. Mi esposa es una excelente cocinera, me gustaría algún día que se convirtiera en chef. Sería hermoso tener una esposa como chef.
—Estoy en este justo momento pensando en que deberías convertirte en chef profesional.
Digo mientras sigo las indicaciones de la comida.
—Es posible, sería muy interesante —se ríe—. Remueve constantemente. —Me indica.
Hago todo lo que dice. El pollo va tomando color marrón y el olor a caramelo con él empieza a llenar mis fosas nasales.
Entre tanto, converso de otras cosas con ella.
—Oye, también deberías estudiar una carrera acorde con la compañía nueva. Lo digo porque pronto dirigirás una empresa de publicidad y creo que sería bien que ejercieras una carrera que te ayude a gerenciar. —Termino de preparar la receta que ella me dio, ahora solo dejo que se cocine.
—Estuve pensando eso, incluso averigüé en la universidad por la carrera.
Sería perfecto si ella estudiara una carrera de gerencia, Mi princesa será la dueña de esa empresa y tiene que tener el conocimiento. Es obvio que yo la ayudaré y Daniela también, pero quiero que se prepare muy bien.
—Cambia de carrera y más adelante puedes retomar la que estás estudiando en este momento. Debes prepararte. Igual tendrás mi ayuda, pero ya luego tú sola tendrás el poder total. —Destapo la olla, y ese rico olor me mata. ¡Yo soy un buen aprendiz!
—Mmm, huele delicioso. Ahora hay que probar a ver qué tal sabe.
—Descuida, ya mismo sabremos. —Agarra dos cucharas, saca un poco del guiso y me da. Con la otra saca un poquito y lo prueba—. Mmm, esto… ¡Vaya! Te quedó excelente.
Hago una expresión de victoria. Sabía que podía lograrlo.
—Aprendí de la mejor. —Rodeo su cintura y la pego a mí con delicadeza.
—Te quedó delicioso, mi amor. Para el desayuno de mañana te enseñaré a preparar los huevos que tanto te encantan.
Eso sí me agrada. Mi cielo tiene una magia para preparar esos jodidos huevos que a mí me quedan más secos que un desierto.
—Por favor, te lo suplico. Los que yo preparo me quedan fatal, tú misma los has probado.
Dibuja quién sabe qué sobre mi mejilla con sus dedos.
—Ya aprenderás. Todo a su debido tiempo. Verás que mañana te quedarán muy ricos. Eso sí, sin las cáscaras. —Rompe en risa. Gotas de lágrimas salen de sus ojos.
Mi precioso cielo se burla de mí. Luego pregunta por qué le doy sus buenos castigos.
—Cielo…
Detiene su risa y limpia sus lágrimas.
—Eres increíble, Damián. Seremos una hermosa familia.
Y jamás la defraudaré.
¿Familia? Lo que menos creí tener en mi vida era mi propia familia. Ahora mi hermoso cielo está dispuesta a formar una familia conmigo.
—Así será. Tú, nuestros pequeños Lancaster y yo.
Sus preciosos ojos brillan.
—Señor —ella eleva su vista a Xandro, quien entra a la cocina—, disculpe que lo interrumpa, pero necesitamos hablar con usted ya mismo.
Mi cielo se separa de mí.
—Voy en un momento. —Leo los pensamientos de Antonella y decido apresurarme—. No preguntes qué sucede porque tampoco tengo idea de lo que quieran hablar. Saldré del pent-house a conversar con él, Tú quédate aquí, mi amor. De seguro no es nada malo. —Dejo un beso en sus labios.
—Damián —me detengo—, te amo. Regresa rápido.
Asiento y salgo del lugar.
Al llegar a la planta baja, me reúno con mis hombres. Franco me pide que suba a la camioneta. Algo no anda bien, y no subiré ahí hasta saber qué es lo que sucede.
—Señor, por favor, suba.
Me niego.
—Dime qué sucede. No me moveré de aquí.
Sonríe.
—¿Aún no cofias en mí, Damián? —Hace mucho que no me llamaba por mi nombre—. Te he soportado por años, maldito infeliz, ¿y aún no confías en nosotros?

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