Antonella
Despierto cuando escucho la puerta de la habitación ser abierta, miro en esa dirección y sonrío contenta de saber que se trata de mi encantador infierno quien ha llegado.
Verlo aquí me tranquiliza, estaba tan preocupada por él que me quede dormida para estar tranquila. Si continuaba despierta los nervios me iban a terminar matando.
—Al fin has llegado. —Damián se sienta a mi lado.
—Cielo, necesito mantenerte a salvo. —Su tono de voz es diferente, como cuando quieres llorar, pero te niegas a hacerlo porque consideras que no vale la pena—. No puedo dejar que nadie te hiera. —Sus ojos se cristalizan, intenta ser fuerte para no llorar, pero aquel cruel sentimiento lo vence y se desploma—. Aun cuando me cueste, tengo que detenerlo, por tu bien, por el nuestro. Sin importar cuanto me duela debo hacerlo.
Ver cómo se encuentra mi infierno me parte el alma, y también me da un indicio de que sabe quién es.
—¿Ya sabes quién es?
Asiente cabizbajo.
—Ya me estoy encargando. Debo asegurarme de que tú estés a salvo y de que nada malo te pase.
Limpio su rostro con mis dedos.
—Estaremos bien. Los dos estaremos bien, Damián, me lo prometiste.
Su mirada entristecida se centra en la mía. Mi infierno está muy afectado, y me gustaría saber por qué.
—Cielo, deja de pensar que algo malo me pasará. Te lo dije, soy egoísta y no me iré de tu lado. ¿Crees que dejaré que un… tonto como él nos separe?.
Ladeo mis labios.
—Es cierto, no dejarías que nada malo me ocurriese. Y en parte eso es lo que me preocupa, que arriesgues tu vida para salvar la mía. —Damián posa su mano en mi mejilla y acerca más su rostro al mío.
—Si doy mi vida por ti lo haría con orgullo, porque sé que tu vivires y podrás salir adelante. Eres más fuerte que yo, si te pierdo, perdería mi fortaleza —De nuevo aquellas lágrimas en sus ojos aparecen—. Pero descuida cielo, dar mi vida por ti implicaría dejarte sola y que al pasar los años algún idiota quiera robarme a mi esposa, y eso no lo permitiré. Ni siquiera sobre mi cadáver lo permitiré. —Ay, pero que hombre tan celoso y posesivo.
—Que posesivo eres, Damián.
—Lo siento, mi amor, pero tú eres mía. Solo mía, cielo, y nada más que mía.
Me enamora cada vez que dice que soy solo de él.
—Y tú eres solo mío, únicamente mío y nada más que mío.
Entrelazamos nuestros dedos.
—Por siempre tuyo, mi amor.
Mi vida es vida solo con él.
Este hombre se ha vuelto mi comienzo y mi final.
Solo espero que la vida sea muy justa con ambos y nos permita vivir nuestros sueños.
—Oye… ¿y me dirás quién es la persona? —Damián suspira al mismo instante que se levanta.
Verlo así me hace pensar que se trata de alguien significativo para él. Mi diablo está dolido, triste y decepcionado, quiere decir que la persona que lo está molestando es alguien a quien él le tiene aprecio.
—No sabría ni por donde comenzar. —Golpea la pared con su puño mientras gruñe enfadado.
—Quizás por el comienzo sería una buena opción. —Le digo, él se voltea a verme y sonríe.
—Mañana nos vamos de aquí. Ya no es seguro este lugar.
¿Irnos?.
—¿A dónde?
Su pecho sube y vuelve a bajar cuando libera el aire.
—Iremos a otro pent-house. Solo será por esta semana. Mientras capturan a mi enemigo. Tengo la gran ventaja de que él no tiene idea de que conozco la verdad.
Me acerco a su lado.
—Cualquier lugar es bueno siempre y cuando estemos tú, Lolo y yo.
Acaricia mi espalda.
—No me alejaré ni un instante de ti ni de Lolo. Tienes mi palabra.
—¿Entonces no vas a decirme quién es? —inquiero.
Me ha estado ignorando mi intriga, y supongo que no se siente listo para decirme.
—Dame tiempo para procesar la noticia. Te prometo que te lo haré saber. Por ahora solo quiero darme una ducha y recostarme contigo, quiero que me abraces, que me des cariño y me digas que todo estará bien, y que lo voy a superar. Voy a necesitar de ti, cielo. —Le doy un abrazo al ver tan mal a Damián.
Sean quien sea esa persona, ha destrozado a mi infierno.
…

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