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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 342

ELLIOT

Apreté los dientes, intentando regular mi respiración.

M*****a sea, no sabía si podría resistir esta tentación, su boca ardiente chupándome, lamiéndome, haciéndome una felación tan deliciosa que me tenía al borde.

Luchaba contra los deseos locos de subir mis caderas y embestir hasta su garganta.

Su coño descarado, húmedo, se mecía cabalgando sobre mi pecho, mojando los cortos vellos.

Mi nariz… joder, mi nariz sensible aspiraba el aroma intenso de su lujuria, de su deseo, escuchando los sonidos eróticos de su boca mamando mi pene tieso y tembloroso, sus gemidos ahogados.

Esta mujer era una dulce tortura, y me estaba costando media vida contenerme, pero a la vez este juego oscuro y lleno de lascivia me ponía a mil.

¿Hasta dónde pretendía llegar?

Ni siquiera me paré a analizar el increíble descubrimiento que hice y, precisamente por eso también, finjo.

Quiero descubrir todos sus secretos ahora que cree que me tiene en sus manos.

Apreté los puños sutilmente sobre la sábana.

Los gruñidos amenazaban con salir de mi pecho.

¡Diosa, qué rico, maldición!

Si sigue chupándome así, me voy a correr entre sus labios, y no quiero. Deseo que ella lo lleve hasta el final.

Esa cosa, eso que me sopló y me asustó al inicio, no me durmió, pero sí controló a la bestia en mi interior.

Esa… magia… aplacó mi instinto de transformación, de salvajismo, el temor a lastimarla.

"Mmmnnnn, nena, más suave… gggrr..."

Abrí un poco los ojos.

Joder, hubiese sido mejor mantenerlos cerrados.

Tengo su culo directo casi frente a mis pupilas, que se contraen lobunas.

Su cintura se contornea. La observo a través de las luces y las sombras.

—Mmmm, Elliot, qué rico sabes… mmmm… no, no te puedes venir en mi boca, no desperdiciemos algo tan bueno… —gime de repente.

Me está matando la muy condenada. Me pide no venirme, pero me chupa como una borracha al barril de cerveza.

Los músculos de mi mandíbula se contraen. Tengo la sensación de sus dedos palpando mis testículos.

" Mmm, sí, bebé, están bien llenos y listos para correrse en ese sitio que muero por follarme. Vamos, Duquesita… sshhh, vamos, nena…"

Le suplico en mi mente.

Observo la suave curva de su espalda enderezándose, tan sexy, tan femenina.

Mis manos pican por agarrarla y lanzarla sobre la cama para penetrarla de una vez.

Sin embargo, la dejo que me viole como desee, que me hechice todas las noches y me saque hasta la vida.

Mis ojos se vuelven a cerrar.

Aguzo el oído; se va moviendo sobre mi cuerpo tenso, sudado, hasta cabalgar sobre mis caderas.

Poco a poco, centímetro a centímetro, voy penetrando hasta la base en esa apretada funda que me engulle resbalosa, apretándome deliciosamente por todos lados, llevándome a la locura.

Se sienta por completo y comienza a cabalgarme sensual.

Su vagina entra y sale con el meneo de sus caderas. Su tierno clítoris acaricia mi pelvis en cada vaivén, estimulándola, excitándola.

Sus pequeñas manos se apoyan en mis rígidos pectorales, inclinada sobre mí, cambiando el ángulo de mi polla en su interior.

Enloquece al apuñalarse en ese punto que la hace vibrar y yo memorizo.

Cierra los ojos mientras su boca pecaminosa no deja de gemir, de llamar mi nombre con esa voz de meretriz, hechicera, que me ha lanzado el peor embrujo de todos, no puedo dejar de observarla, de desearla, mientras mi lujuria crece y crece.

Mi respiración sale baja, pesada.

Mi pecho sube y baja más de prisa. Sus nalgas rebotan sobre mis muslos.

Se empala una y otra vez, montando sobre mi cuerpo, aumentando las penetraciones, contoneándose vigorosa sobre mi polla.

Mis pupilas de bestia van a esas enormes y deliciosas tetas saltando justo frente a mi alcance.

Trago deseando chupárselas, darle al menos algo del placer que ella me está dando a mí.

—Elliot, no aguanto más… ¡Aaahhh, córrete, mi Duque, lléname con tu semilla… mmmmm, vamos… sí, sí, nene, hazme un bebé, marido. Eyacula dentro de tu esposa, vamos… aaahhh…!

Se incorpora y se agarra los senos, apretándoselos y pellizcando los pezones con urgencia.

Enloquece pidiendo mi semen, moviendo las caderas en círculos, estimulando mi verga más allá del extremo placer.

Apenas aguanto, resisto su asalto… encojo los dedos de mis pies… Esposa, quiero dártelo, maldición, nunca había estado tan desesperado por venirme, solo espero por ti… gggrrr, ¡joder, córrete de una buena vez!

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