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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 341

KATHERINE

La aprieto en mi mano, siento un cosquilleo, mi mente más fresca; las palabras se vierten como un río sin control.

Cierro los ojos y me concentro en ellas.

En la oscuridad de mi mente se prende una pequeña chispa, destellos dorados raros. Intento tomar el control sobre ellos.

¡Se mueven!

Danzan en mi consciencia como niños juguetones hechos de luz.

Se me ocurre algo loco; intento mover esa magia primordial siguiendo mi cuello hasta mi corazón y de ahí a las venas que se extienden por mi brazo derecho hasta mi mano donde aprieto los polvos.

¡Lo estoy logrando!

El sudor se acumula en mi frente, respiro pesado; es más difícil de lo que imaginé, pero persevero…

"Zyrelin talyra anithor… Zyrelin talyra anithor…” repito las palabras del conjuro en mi mente una y otra vez.

Aprieto los dientes, siento que ya no veo las cosas tan claras como al inicio. Un mareo invade mis sentidos, me palpitan las sienes…

¡Vamos maldit4 sea! ¡Funciona, funciona!

“Zyrelin talyra anithor… Zyrelin talyra anithor… anithor, ¡anithor!…”

—¡Ah sshhh! —di un grito bajo que enseguida ahogué por miedo a despertar a Lavinia.

Mis ojos fueron a la cama; ella parecía dormida.

Luego miré mi mano, donde la tela oscura brillaba con una luz en rojo que quemó mi mano por un segundo para luego apagarse lentamente.

Sudaba a raudales, todo el vestido pegado a mi piel, empapado. Bajos jadeos salían desde mis labios.

Llevé la mano libre a mi cabeza, cerrando los ojos un segundo para calmar los mareos.

Solo un pequeño hechizo y sentía que las venas de la cabeza me reventarían, el corazón palpitaba como caballos desbocados.

Al fin puse mis sentidos en la bolsita que había regresado a la normalidad.

La abrí algo curiosa.

En realidad, la palma de mi mano solo picaba un poco; metí dos dedos y saqué una muestra del polvillo, antes negro, ahora rojizo, y desprendía calor.

Al tacto daba una sensación de tranquilidad y sosiego.

“Diosa de los sobrenaturales, espero que esto haya funcionado de verdad y solo hay una manera de saberlo”

Murmuré en mi interior, levantándome para darle una última mirada a mi hija, mi mayor motivación para hacer esta locura.

*****

Esa madrugada me di otro baño perfumado por si acaso.

Me vestí con una bata pesada, pero debajo, todo mi cuerpo estaba desnudo y listo para consumar mi matrimonio.

Caminé por los pasillos en penumbras, en silencio, vigilando no encontrarme con algún sirviente de guardia.

Llegué al ala de los aposentos del Duque y miré debajo de la puerta.

Estaba sin luz; mi mano fría agarró el picaporte.

Llevaba una excusa algo torpe por si él me descubría.

¿Quién sabía? Quizás ni siquiera tendría que usar el hechizo.

Sin embargo, atravesé la antecámara que parecía más una pequeña biblioteca.

Iba casi a ciegas, nunca había entrado a esta alcoba.

El Duque dormía con las puertas de su habitación abiertas.

La colonia de Elliot me encantaba, me calentaba la sangre.

Comenzando a excitarme demasiado, me subí sobre su cuerpo, apoyando atrevidamente mi sexo abierto sobre su pecho, gimiendo bajo al sentarme sobre él.

Me giré para observarlo a través de la media luz.

La verdad es que su rostro estaba sumido en la oscuridad, pero él parecía seguir en el mundo de los sueños; parece que todo salió bien.

Al fin y al cabo, Elliot era solo un elemental sin resistencia a la magia.

Me incliné hacia delante, siseando lujuriosa por la fricción sobre mi clítoris, mi coño mojándose sobre su piel, mi boca salivando al tirar hacia abajo el pijama de Elliot y ver salir ese grueso eje.

—Parece que tú sí estás bien despierto. Déjame darte una última ayudita —susurré con picardía, ronroneando como gata en celo, tomando la palpitante polla en mi mano, oliendo profundamente la pequeña hendidura, el morbo y el deseo creciendo en mí.

Deseaba a este hombre; me gustaba físicamente, ¿para qué negarlo?

Mi lengua pervertida salió a saborear el líquido transparente que ya se filtraba por entre mis dedos.

Lamí todo el tallo, desde la base, con las pesadas bolsas, hasta el redondeado glande, lo sentía endurecerse bajo mis provocaciones, vibrar de placer.

Disfrutaría demasiado con esta delicia follándome al fin.

—Hoy, no acepto un no por respuesta… —abrí mis labios y chupé la cabeza de hongo, gimiendo cachonda mientras mis caderas se meneaban eróticamente, restregando mi vulva sobre el pecho duro de mi esposo falso.

*****

ELLIOT

La descubrí desde el primer momento en que entró furtivamente a mi cuarto en medio de la madrugada.

¿Qué hacía aquí a esta hora?

Decidí esperar, hacerme el dormido y ver lo que tramaba mi querida Duquesa.

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