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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 344

KATHERINE

Me estiré perezosamente en la cama.

Mis muslos protestaron un poco, y mi mente algo adormilada recordó el porqué de la incomodidad.

Aún sentía el cosquilleo delicioso de las vigorosas penetraciones.

Obvio, me dolían las piernas si monté al Duque como jinete sobre un toro mecánico, y qué clase de toro me había tocado.

Sonreí un poco mirando hacia el techo sobre mi cabeza.

De verdad que me pasaba de descarada.

Igual debía procurar tener la oportunidad de seducir a Elliot porque no era un tonto, y si salía embarazada “del aire,” capaz y creyera que le había pegado los cuernos con otro.

Cuando me incorporé en el colchón, de repente sentí una punzada en el pecho.

Llevé mi mano hasta donde palpitaba con fuerza mi corazón.

Algo había cambiado.

Me sentía con mayor fuerza, algo más… poderosa… no sé… Era la sensación de esa energía mágica recorriendo mis venas.

¿Esto tenía que ver con el hecho de haber realizado mi primer hechizo? Debería ser, ¿o me favoreció hacer el amor con Elliot?

No lo sabía y tampoco le di mucha importancia.

Debía tener cuidado con los riesgos o perdería la cabeza si algo salía mal.

Caminé hacia el baño a lavarme, dispuesta a comenzar mi día y esperando que cada vez que mirara ahora al Duquesito, no me acordara de la carita de su pene.

*****

ELLIOT

Revisaba algunos documentos en mi oficina desde temprano.

Pasaba las páginas, una tras otra. Sin embargo, no podía concentrarme en nada.

—Maldita sea —bajé el documento y me apreté el puente de la nariz con algo de frustración

—. Solo fue un polvo, joder, sí, uno demasiado bueno, pero ni siquiera te pudiste mover, hombre. ¿Acaso eres masoquista ahora?

Murmuré bufando con fastidio, a punto de intentar leer de nuevo los informes cuando un suave golpe en la puerta me interrumpió esta vez.

—Adelante —la mandé a pasar.

Por el aroma sabía quién era, y la verdad me sorprendió un poco.

—Buenos días, padre Duque —la pequeña Lavinia caminó lentamente, dubitativa, haciendo una reverencia formal para saludarme, de pie frente al escritorio.

—Lavinia, ¿qué te trae a mi despacho tan temprano? —le pregunté extrañado.

En honor a lo cierto, nunca había sentido ningún apego por la pequeña, que era considerada mi hija legítima delante de todos.

Así la había reconocido por los chantajes de su abuelo, pero nunca la quise.

Mi odio por esa familia manchó por completo nuestra relación.

—Yo… vine a darle esto, su señoría. La Sra. Prescott lo dejó en mi habitación. Es para aprobarlo usted con su firma —me dijo casi en un susurro, la mirada esquiva, mientras su manita extendía una carta sellada.

Noté que sus dedos temblaban ligeramente.

Sé que siempre me ha tenido temor, a pesar de que nunca le he hecho nada, ni bueno, ni malo, mi relación con ella es prácticamente nula.

Solo procuro que no le falte nada material y punto.

Rasgué el sobre con el abrecartas.

Miré el sello de la Academia para señoritas y leí la carta de admisión.

Es una academia muy prestigiosa, en un terreno neutral entre Ducados.

Ahí se preparan las nobles, pero deben quedarse a vivir ahí permanente.

He escuchado que entran como unas niñas y salen siendo ya unas mujeres para casarse.

Solo regresan a sus casas para eventos puntuales.

343. MI MANADA 1

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