ELLIOT
—¡Oye, espera, zorra! ¡Yo lo había visto primero!
Los gritos quedaron atrás, junto al furor de las peleas y los violines animando las trifulcas.
Corría por entre las sombras de las carpas y los pequeños negocios, sucio, lleno de fango, pero por alguna razón, al mirar la cabellera castaña ondeando frente a mí, aspirar la deliciosa lavanda, una sonrisa apareció en mis labios.
Estaba feliz.
*****
KATHERINE
Me encontraba parada en el pasillo, vigilando.
Nos habíamos metido dentro de unas caballerizas en silencio, solo con algunos caballos en sus cuadras ya dormitando.
Elliot me dijo que siempre en estos sitios había duchas rústicas para que los peones se lavaran, y allí estaba él, metido dentro de lo que parecía una caseta de madera, solo con una cortinita precaria al frente, que lo tapaba.
Me paré de espaldas, mirando a través del largo y medio oscuro pasillo, que llevaba a la entrada del establo.
Sabía que estaba desnudo, el muy descarado casi se desvistió en mi cara. Escuchaba el sonido del agua caer por su cuerpo.
Me lo imaginaba metido debajo del chorro que salía de lo alto, proveniente de un tubo burdo anclado a la pared.
Llevé la mano a mi pecho, miles de emociones revoloteando en mi interior.
Debo admitir que la hazaña del corral me conmovió y el hecho de que estuviese aquí, de que me prefiriera a acompañarla a ella.
“No, Katherine, debes ser fuerte, fría. Recuerda todos los sinsabores de esta noche”.
—¡Ay, joder! —Un rugido de repente a mi espalda y un golpe seco me hicieron reaccionar.
—¡Elliot! —No pensé mucho antes de arrojarme al interior de la ducha, apartando la cortina.
Estaba oscuro en el interior, no se veía nada.
De un momento a otro tuve a un cuerpo fuerte, mojado y sin ropas, sobre mí.
Sus manos me agarraron posesivas, pegándome a la pared.
El agua salpicó, mojándome, empapándome de pies a cabeza.
Abrí la boca para protestar, y unos labios fríos aprovecharon para besarme profundamente, apasionadamente.
Sentía su respiración pesada, apretándome contra sus músculos poderosos, su otra mano sobre minuca,a obligándome a besarlo.
Intenté resistir en vano, cediendo a la lujuria que este hombre despertaba en mi cuerpo.
Su erección palpitaba endurecida contra mi vientre.
—Mmm… esposa… —Elliot gemía.
Su lengua lamía mis labios, los chupaba y mordisqueaba el inferior entre sus dientes, dándole eróticos jaloncitos que me tenían derretida.
—No… no creas que te voy… mmm… a perdonar… —logré articular con su lengua invadiendo mi cavidad.
Gruñidos roncos como un animal vibraban en su duro pecho contra mis senos excitados, duros.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...