ELLIOT
Si algo he aprendido en estos minutos ha sido la definición de “comer fango”.
Soy un “comefango”, no hay otra palabra para describirme ahora mismo, revolcado, peleándome con un cerdo en medio de este lodazal.
—¡Quédate tranquilo, maldit4 sea! —me abalancé sobre su lomo, pero las manos me resbalaban, el barro salpicaba, el cuerpo rechoncho se retorcía bajo mi agarre.
Me imaginaba la escena que estaba dando.
Enredé las piernas con fuerza en sus flancos, intentando agarrarle las orejas y tirar de su cabeza.
«¡Uiiik, uiiik!»
Comenzó a chillar, y yo, montado encima de él, saltando, agarrado a sus orejas y dándole la vuelta al corral como si fuese un vaquero en un rodeo.
¡¿Con qué diantres habían alimentado a estos bichos para tener esa fuerza?!
Los ruidos taladraban mis oídos, las risas se escuchaban por doquier, correteaba aferrado a su cocote, intentando dominarlo.
¡Qué papelazo! Mínimo, con todo esto, ya me había ganado una chupada al menos de la Duquesa.
Logré frenar su carrera loca, revolcados por el suelo.
Me cuidaba de sus mordidas frenéticas mientras intentaba enlazarle las cuatro patas y “él” tratando de escapar.
Cuando casi lo tenía manso, ¡un tipo vino a robar mi cochino!
—¡Oye, qué mierd4 te pasa, suelta a mi puerco! —le grité al ver que se lo llevaba a rastras.
Se me había escapado un segundo.
Sabía que no llegaría lejos porque estaba medio amarrado; me habían arrojado otra cuerda desde la cerca y la estaba recogiendo.
—Lo siento, amigo, pero el que lo encuentre se lo queda. Búscate otro.
—¿Ah, sí, amigo? No tengo que buscar mucho, ¡si me acabo de encontrar al más puerco de aquí! —Con toda la adrenalina invadiéndome, le lancé un puñetazo al fortachón rubio.
Directo al mentón que traqueó bajo mis nudillos.
El hombretón trastabilló un poco hacia atrás y soltó la pata del animal que tanto me había costado atrapar.
El cerdo, cojeando, comenzó a escapar como poseído, y yo no iba a correr de nuevo en su búsqueda, la rabia haciéndome temblar de ira.
Me abalancé sobre el hombre que enseguida se recompuso. Era un tipo rudo del campo, musculoso.
Empezamos a pelear a los puñetazos limpios como dos salvajes incivilizados.
Le acerté una patada en las costillas que lo hizo caerse hacia atrás, tropezando con alguien.
—¡Oye, qué carajos te pasa, me acabas de dar un codazo, maldit4 sea!
El tipo a su espalda se giró molesto y se abalanzó a morderle la cabeza al rubio, que aún se agarraba el costado del torso con dolor, inclinado hacia adelante.
—¡Ahhh! ¡¿Estás loco, hijo de put4?! ¡¿Cómo me vas a morder así?! —se giró enojado, comenzando a intentar quitarse al otro hombre, prendido como una garrapata a su espalda.
—¡Más put4 será tu madre, deja a mi hermano tranquilo!
El sonido de una botella rompiéndose, fragmentos de vidrio frente a mis ojos y el rubio fortachón con sangre en la frente y bamboleándose a punto de caer.
Una de las mujeres pegadas a la cerca había roto una botella de bebida, directo en su cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...