BRENDA
Estaba furiosa y herida por el desplante de Elliot frente a todos.
Pensé que en realidad me abandonaba por una nueva amante.
Ese cuento de que deseaba estar con su esposa no me lo tragué; sin embargo, aquí estaba, usándola de nuevo como excusa frente a todos.
Lo vi marcharse apresurado y enseguida tuve al idiota de Thesio detrás de mi trasero.
¡Qué hombre más pedante e intenso!
Me trajo cajas de regalos, la verdad es que el resplandor de las joyas me encandiló por un segundo.
Thesio no era un hombre feo; todavía se mantenía muy bien: viudo, sin hijos y dispuesto a darme el lugar de su duquesa que muchas ansiaban.
Pero al ver su rostro ya rayando los 45 años y saber que este simple elemental sería un vejestorio y yo, en mi plena juventud como ser sobrenatural, me disuadía bastante y aclaraba la mente.
Eso sin contar que no confiaba en él para revelarme como una mujer loba.
Casi me tenía acorralada contra el diván de la biblioteca, manoseándome por todos lados con palabras lascivas susurradas en mi oído, a punto de sacar mis garras y exponerme, con la ira bullendo en mis venas, cuando algo raro me salvó por los pelos.
Su ayudante tocó la puerta y pasó adelante, logrando que se separara de mí con cara de fastidio.
Thesio se levantó para hablar con el hombre que le secreteó algo; sin embargo, tengo muy buen oído.
Le había dicho:
“Tiene que regresar al castillo, excelencia, creo que el Duque de Everhart descubrió nuestros negocios y sus hombres planifican sabotearnos”.
Me erguí enseguida, disimulando no haberme enterado de nada.
—Querida, lo lamento, debo marcharme —se acercó hasta mi posición con pasos apresurados.
Antes de incorporarme por completo, lo tuve reteniendo mi cintura y pegándome a su cuerpo.
Sin darme tiempo a nada, estampó un beso mojado en mis labios.
—Zafiro, piensa bien en mi proposición. Cada día me impaciento más, mujer. Necesito un heredero para mi ducado —murmuró contra mi boca mientras yo luchaba por liberarme—. ¡Brenda!
Su voz enojada me hizo detenerme, sus ojos clavados en los míos.
—Ese hombre nunca te dará tu lugar y va camino a su ruina. Sé que eres una mujer inteligente; la belleza no dura para siempre, ¿entiendes?
—¿Me estás amenazando? —le pregunté entre dientes.
—Te estoy dando un ultimátum. Puedes llegar a la cima a mi lado y con el Duque de Everhart solo serás una amante que desechará cuando se canse de follarte —me habló con desprecio, como nunca había hecho.
Los celos eran evidentes en su ponzoña, sus advertencias calando más profundo de lo que yo deseaba aparentar.
Igual apreté los labios y me quedé en silencio.
—Haré pronto una fiesta en mi castillo, espero que asistas. Y si lo haces, que sepas que interpretaré eso como un sí. Tus padres y tú se pueden mudar a mi territorio —me propuso directo, sin andarse esta vez por las ramas
— Vivirán una vida que nunca has soñado. Te deseo tanto, mujer arisca.
Cuando fue a besarme de nuevo, giré mi rostro a un lado; sus labios cayeron sobre mi mejilla, se separó suspirando.
—Pronto no te quedarán muchas opciones —me dijo y se marchó impetuoso con su ayudante, cerrando la puerta de golpe.
Tenía que avisarle a Elliot que este hombre conocía los planes que tenía en su contra, cualesquiera que fueran.
Me agarré el vestido y salí con prisas de la mansión. Al llegar a los jardines laterales, escuché unas exclamaciones y relinchos de caballos.
Miré hacia la entrada, escondida detrás de uno de los altos setos; Thesio se marchaba a todo galope con su gente, abandonando la fiesta.
Debía apresurarme.
El olor de Elliot se perdía en el bosque, una pista confusa entre tantos aromas.
Me llevó hasta la feria de esos plebeyos. ¿Qué hacía metido entre esta chusma?
Me quedé detenida en el pasillo, mirando al fondo, todo mi cuerpo congelado.
Mis ojos no podían dejar de mirar la escena impactante.
Elliot, de rodillas, por completo desnudo, en medio de las piernas abiertas de esa mujer.
Era muy obvio lo que le hacía, su cabeza se movía hacia delante, sus gruñidos de placer llenaban mis oídos.
Él devoraba su intimidad, le hacía sexo oral, algo que a mí solo me practicó una vez y a regañadientes.
Nunca más lo repitió, y con esa mojigata incluso estaba de rodillas para complacerla.
Subí mi mirada por el cuerpo de ella: un muslo descubierto sobre el fuerte hombro del duque, recostada a la pared, el vestido empapado en agua, semitransparente, alzado como una puta, dejando que un cliente se dé un festín con su coño.
Se manoseaba los senos, su expresión… maldit4 sea… su expresión era de puro deleite, con los ojos cerrados y la cabeza elevada.
Claro que le encantaba, ese hombre era capaz de llevar a la gloria a cualquier mujer.
Di un paso adelante, mis caninos saliendo peligrosamente, mis garras afiladas.
El odio impulsaba mi ira ciega; quería desgarrarle esa cara de orgasmo, la odiaba tanto.
Mi loba me advertía que nos fuéramos, que nos íbamos a exponer, pero me sentía tan humillada.
Elliot sabía que yo estaba aquí, ¡él lo hacía para provocarme!
En medio de la oscuridad, ella abrió los ojos y me miró con burla, una sonrisa cínica en la esquina de su boca.
—Mmm… mi Duque, penétrame más con tu lengua… sshhh, qué rico me chupas mi hombre… Aah cómete mi coño cariño, de tu esposa, tu única y legítima duquesa…
Comenzó a gemir justo en mi cara.
Bajó la mano para controlar la cabeza de Elliot, apretando su cabello, empujándolo más entre sus piernas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...