Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 365

ELLIOT

—¿Nena? —me incliné un poco al escuchar el suave ronquido.

Observé su rostro de lado sobre el colchón, estaba resoplando con suavidad, con esos deliciosos labios entreabiertos.

No pude evitar sonreír como un tonto, sentía tantas cosas profundas en mi pecho.

Le había confesado a propósito que sabía de su identidad.

Teníamos pendiente una conversación sincera, de verdad esperaba ganarme a mi mejor aliada, una alianza de por vida.

—Así que tengo que aguantar tranquilito cuando me asaltas, pero tú solo resistes un round cuando soy el que estoy arriba —le susurré chupando su oreja.

Un gemido bajo vibró en su garganta, pero seguía dormida, cansada.

—Ya te cobraré después, mi querida Duquesa. Ahora eres tú la que me debes. Me aseguraré de cobrarte toda la vida, Katherine —susurré besando su sien, siseando de placer al sentir mi miembro más flácido y sacarlo de la calentura de su vagina.

Me incorporé mirando el desastre que había hecho en su cuerpo. Inclinándome para lamer las heridas de sus caderas; sabía que al menos mi saliva la curaría más rápido.

El líquido turbio y blanquecino rodaba desde su vulva entreabierta hasta manchar la cama.

Era una imagen lasciva y llena de morbo excitante.

Aparté las joyas, arrojándolas sobre la alfombra.

Había ido a caballo hasta el centro de esta ciudad, despertando al mejor joyero para que me vendiera sus más exquisitas creaciones, todas a mi nombre de regalo para mi Duquesa.

Nadie más la volvería a humillar por los desplantes que le hacía a Rossella en el pasado y ella misma se ganó al obligarme.

La limpié lo mejor que pude, buscando un paño mojado en el baño. La desnudé, enjugué su sudor y mis huellas en su cuerpo.

Cargándola sobre el diván, intenté cambiar las sábanas por unas nuevas que encontré dentro del armario.

Esto era un poco nuevo para mí; normalmente se llamaba a las doncellas, pero no despertaría a nadie a estas horas y menos las quería metidas en mis intimidades.

Arrojé la ropa de cama dentro del cesto de la esquina. Sabía muy bien que la servidumbre las revisaría e informaría a la anfitriona.

Ya que le gustaba cotillear tanto, que supieran claramente que me follaba muy bien a mi mujer y no pensaba hacerlo con otra, nunca más.

—Elliot, no… no te vayas… —su mano me agarró suavemente cuando hice por levantarme después de acomodarla sobre las sábanas limpias, tapándola con la cobija.

—No me voy, cariño, solo me lavaré un poco —le respondí besando su mano, bajando la nariz para aspirar mi aroma en su cuello.

Mi veta posesiva se sentía complacida al sentir mi olor masculino sobre su piel.

La vi en las penumbras, los hermosos ojos somnolientos luchando por mantenerse abiertos. Asintió y volvió a quedarse dormida.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación